sábado, 25 de marzo de 2017

El jardín de las petunias murió.


Échale limón a la herida y releí viejas conversaciones. La rabia retorna a la vida y como un espíritu condenado clama venganza. No hay mayor vuelta de tornas que la indiferencia más absoluta.

Éstas semanas el ayer encuentra rendijas, vacíos legales que no impiden que los recuerdos afloren marchitos haciendo gala de lo que nunca se superó y sólo se tapó. La toxicidad de la palabra en la saliva, apretando la mandíbula mientras miro a la nada perdida como estoy en la memoria.
Observo impávida con el corazón tan frío que tengo serias dudas sobre su latir, miro y no veo nada que me sea conocido.
Ni hilo rojo ni lazos de colores, una distancia que ninguna cercanía podrá salvar.
Inocente o más bien, ignorante hubo un día en que pensé que podría dejarlo todo atrás y empezar de nuevo, sabiendo pese a la oportunidad, nada volvería a ser igual nunca.
Sin embargo, Facebook y su manía de sacar publicaciones del cajón desastre, devolvió lo que olvidé durante tanto tiempo.
Imágenes borrosas se cernieron sobre mí, ecos...y palabras escritas que fueron puñales de tinta. Heridas de arma blanca supuran cuando el dolor late cerca.

La tragedia, un día cualquiera, nos atropelló y como alma que lleva el diablo corrí, abandonando todo en mi huir. Un batiburrillo de emociones olí venir y rápida las frené en seco, arrinconadas hasta que me encontraron días después y reafirmaron lo que tanto negaba a aceptar.
Era una completa extraña rodeada de extraños conocidos sintiendo que ése ya no era su lugar. Un pilar reducido a escombros y un hogar por cuyo pasillo caminan dos presencias imperceptibles...un ángel y una sombra de una historia que tomó a su fin.

Si el lápiz estuviera bajo las órdenes de la memoria fotográfica, dibujaría cada detalle de aquella novela de aventuras y camaradería que con el fluir del tiempo, se convirtió en un vínculo fraternal. Las palomas que descansaban en las repisas de las ventanas, el olor del detergente, el de los viernes, el silbido del aire en mis oídos, las payasadas y los bailes descoordinados. ¿Recuerdas el verdor intenso casi místico de aquel jardín? La esencia del incienso, la bollería de tamaño XXL, el colorido y la música pagana del mercadillo medieval. Oírte cantar a todas horas a media voz, las noches de cine en casa dónde asustada, me escondía detrás de un cojín o un gran oso de peluche. Tu sonrisa y el secreto de tu mirada y los abrazos de oso. Los tonos de tu risa y el brillo de tu colorida melena. Fragmentos diáfanos fluctúan envueltos en la niebla que en mí habita.

A veces te visito entre las páginas de un libro a punto de llegar a su epílogo. Un año ha transcurrido y juro que el perdón aún no me ha visitado. Probablemente, porque la persona que conociste ya no existe. Ya no respiro bajo un ritmo fúnebre y si bien todavía estoy lejos de pisar fuerte el suelo que hoy me sostiene sé que en algún momento, la metamorfosis hizo acto de presencia.

El peso de la enfermedad se cobró mi juventud y casi todo el presente, no habrá persona en el mundo capaz de calzarse tales zapatos de hierro y lágrimas candentes. No volveré la vista atrás ni para coger impulso. ¿Sabes? Sólo quiero una puerta por la que salir, finalmente, del pasado y comenzar la evolución hacia un futuro que compense todo el tiempo perdido, años que no han pasado en balde suponiendo un precio tan alto que tendré que volver a nacer para encarrilar una vida...carente de todo atributo.






CAMINARÉ Y EN EL CAMINO ESPERO VOLVERME A ENCONTRAR. 






domingo, 6 de noviembre de 2016

Sin retorno.

No me encontrarán.
No lo harán.
Nunca.
Sólo las palabras y la luna son testigos de mi vuelo.
Ellos marcharán,
pero en vano será.
Para entonces, lejos estaré y mis huellas borraré.
Hablarán y gritarán mi nombre mas sólo el eco les devolverá sus voces.
Silencio es lo que les quedará.
No volveré y en el fondo, saben.
Ellos no son dignos de una indigna cuya dignidad moderna rechaza.
Yo SOY.
Así, sin más.
Y seré mañana más y mejor.
Creceré tan alto que mi sombra se perderá entre las montañas.
Soy y elijo no estar.
Me convertiré en estación, respiraré entre paisajes y sólo...sólo los libros cuya tinta derramará mi sangre, conocerán mi historia.



Ojalá nunca te hubiera conocido.

Si fuera fácil, hace tiempo que hubiera abandonado.
Si me lo hubieran dado todo en bandeja, picado como para alimentar un pichón ya me hubiera aburrido.
Y si no creyera que merece la pena, no estaría pacientemente esperando.
Bien es cierto que recorreré mundo, haré voluntariado aquí y allá y envejeceré en un pintoresco pueblo de Escocia pero antes, antes de emprender el vuelo quiero...conocerte.


viernes, 4 de noviembre de 2016

Idiota bastardo.

Tan absurdamente sencillo es terminar guardada en un cajón y salir sólo cuando el aburrimiento haga mella. 
Es insultante la facilidad con la que le olvidan a uno como si fuéramos chinchetas, parches de usar y tirar salvo en algunos casos que, antes de ir a parar al cubo de basura te reciclan tantas veces como precisen. 
Así es nuestro valor. 
He sido testigo y víctima de ello en incontables ocasiones y jamás te acostumbras a ser desechado.
Por fortuna, la frialdad es parte de mi naturaleza y ayuda a congelar las lágrimas antes de que se desborden así como me aísla del dolor y la decepción sentida al destapar la verdad.
Nunca fui fácil en el sentido más amplio de la palabra y por eso, a menudo, soy conocedora de la cara más amarga de las personas, gente acostumbrada a que se lo den todo masticado. 
Por elegir, siempre preferiré que el frío me consuma a dejar que el egocentrismo del ser humano hiera e intente doblegarme y amoldarme a sus propios intereses y visión de las cosas. 


jueves, 3 de noviembre de 2016

Fuiste una completa pérdida de tiempo.

He aquí que ella, por fin, pudo reunir el amor propio necesario para dejar de ser la pescadilla que se muerde la cola y así, emprender su marcha en busca de otros corazones más bienaventurados.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Abrazar el sol.

Ganas de vientos de cambio.
De exhalar, viajar, descubrir nuevos y fascinantes lugares que recordar, vivir y disfrutar.
De expandir las alas en toda su extensión y saberme libre y renacida. 
Ganas de volver a soñar a lo grande SIN TEMOR.


sábado, 29 de octubre de 2016

Crupier.

Poder volver a creer, a brillar, a sonreír. 
Poder volver a construir un castillo sin que se acabe trasformando en uno de naipes. 
Aprender a jugar al poker sin ser mi vida la que esté en juego. 
Volver a confiar en el presente.