jueves, 9 de mayo de 2013

Hay bolas de papel que deberían considerarlas origami.


Hoy mientras paseaba a mi lucerico, he visto un avión volando más bajo de lo normal y me he quedado atónita observándolo. Sí, imaginaros metro ochenta y cinco de tía con el rostro mirando hacia arriba con cara de "¡¡oh dios un avión!! :D:D que boniiiito!!". Y lo cierto es que me ha llamado mucho la atención, nunca he montado en uno ni tampoco he estado en un aeropuerto ni de cerca, siempre los he visto a distancia o en la televisión. Lo que es bastante triste que en mis 22 años de vida este tipo de cosas no hayan cambiado. No es que no me guste viajar, al contrario pero es que no tengo un sueldo ni fijo ni temporal, todo se reduce al de estudiante y nunca ha sido lo suficiente para permitirme un viaje. Tampoco es que haya tenido o tenga amigos extrovertidos, dispuestos a hacer puenting a la primera oportunidad que se les presente, no sé si me entendéis, a lo que me refiero en líneas muy generales es que, por el momento, no conozco almas aventureras.

Se me ha olvidado completamente por qué iba a escribir esta entrada así que improvisaré hasta que me acuerde. Ah! algo que odio: tener memoria a corto plazo. Nunca ha sido así pero últimamente, por alguna desconocida razón, estoy demasiado dispersa para mi gusto. A ver, siempre he sido el colmo de lo despistado pero no sé, esto se pasa de largo, ¡¡es como si tuviera amnesia!!. Muchos lo achacan al estrés, yo confío en que sea por eso. Y en que se me pase más pronto que tarde, tengo exámenes, globales, no es precisamente el momento para que mi mente este en modo OFF. Esa tuerta de Ojós (un pueblo de Murcia), 1600 habitantes y tuve que ir a dar con ella en una iglesia con extrañas representaciones religiosas un tanto demoníacas ¡¡por todos los cielos había un jesucristo que parecía salido de the walking dead!!.
Aclaración: No tengo nada en contra de ellos, sólo que cada vez que me mira uno es como si mi mundo, ya de por sí patas arriba, le diera por ponerse tan jodidamente del revés que acaba más deforme que un trozo de plastilina.

Estas semanas cruzan mil pensamientos por mi desvalida mente y sin embargo, ahora me tengo que esforzar por recordarlos. Seguro que cuando me vaya a dormir no tendré problema alguno, volverán todos en avalancha, como de costumbre. Cuando uno quiere descansar entonces es cuando sus neuronas se activan como si se hubiesen empinado el bote de café y cuando uno las necesita el resto del día entonces no las encuentra. Qué bien. Agradable panorama, nótese la ironía.
Veamos el repertorio: por un lado tenemos que muy de vez en cuando (¡¡gracias a los dioses!!) me acuerdo de la inútil de Madrid, incluso me permito durante un mili segundo echarla de menos para luego casi de inmediato acordarme de lo que ocurrió e ir a por la pala y la montaña de estiércol y esparcir generosamente por encima del recuerdo. Soy una chica de impulsos, arranques y cambios bruscos de humor así que la semana pasada o la anterior, me tocaba sentir la nostalgia. Echaba en falta todo y nada a partes iguales. Porque era un todo aparentemente pero la realidad era la nada, sólo que yo no supe de ese pequeño pero fundamental detalle hasta que me estrellé pero no os preocupéis, funciono así. Brevemente, tendía a reflexionar sobre el valor del tiempo, las idas y venidas de las personas, las estupideces que por fortuna no hice y las que hice y pude haber evitado, los momentos que tuve que haber disfrutado, los que disfruté y los que no viví por estar enjaulada en mi cárcel interior. Personas a las que jamás tenía que haber abierto las puertas de mi corazón, confiar o hablar. Las que conocí a medias, de vista, las que aparentaban una cosa y luego eran otra, los que me fallaron, rechazaron, con los que me peleé, los que odié desde el primer momento y los que termine por hacerlo, con los que trabé una gran amistad, con los que dicha relación se acabó rompiendo....y estoy hablando de mi primer bachillerato.
Lo cierto es que ese curso, lo mires por donde lo mires, empezó genial y acabó descarrilándose, para no variar la dichosa costumbre. Era una ilusión, una apariencia, una obra de..teatro. Y no, tampoco fui consciente de ello a tiempo. Por mucho que me esfuerce por odiar a las personas, interiormente mantengo una férrea esperanza de encontrar mi lugar y por esa misma razón, acabo llevándome las decepciones de siempre. Ouroboro. Estoy hasta por tatuármelo porque, la verdad, es otro reflejo más de mi esencia.

De ese "magnífico" año, guardo algunas espinas de carácter..especial. No suelo enamorarme, es más no creo en el amor y sólo oír la palabra me provoca malestar, mi tendencia es encapricharme como si se tratase de un chándal de Adidas (sí, mi prenda es el chándal, no practico deporte alguno aunque no es porque no quiera, no soy cani ni garrula ni lesbiana ni gansgta ni rapera -guardo buenos recuerdos de ésa época que ahora no recuerdo pero sé que los tengo por algún lado- ni lo que quiera que se os pase por la cabeza, soy dentro de mi rareza, normal). No soy una caprichosa materialista pero en cuanto a genero masculino se refiere, en fin, los odio pero la atracción sigue latente... y el repudio es una parte importante del proceso, cabe decir, que soy yo la que lo recibe de ahí a que les tenga totalmente aborrecidos y muestre abiertamente una aversión acérrima. ¡¡Soy una rencorosa fuertemente resentida y motivos me sobran!!
Al encapricharme nunca consigo lo que deseo lo cual, en el fondo, me favorece en muchas ocasiones ya que las personas son más falsas que un billete de 300€  y en otras, bueno eran favorecedoras para mí pero a algún tocapelotas de por ahí arriba no le debo caer en gracia.
Por tanto, queda contrastado que lo mío no es sentir mariposas en el estómago ni dibujar corazones en cualquier superficie. Tampoco concuerda con mi personalidad, demasiados demonios para poder sentir algo empalagoso y dañino como el que más.  Ahora que hago un rápido recuento y creedme que la lista se podría resumir en un post-it, lo cierto es que desde que florecieron mis hormonas allá por los 13 años, sólo me he enamorado...una vez. Y tuve suficiente. Sabéis de quién se trata si habéis leído otras entradas, el amor de mi vida, el primero, ése que dicen y afirman y yo les doy la razón de que jamás se olvida.

Pero algo ocurrió en esa clase, con cierto individuo,sé que los que habéis leído la entrada hace unos días os tendré confundidos, no, lo siguiente pero cometí un fallo descomunal y es que ya no puedo ni fiarme de mi propia cabeza. No estaba enamorada de él, sólo era otro caprichito, en esta ocasión, obstinado. Por alguna razón que todavía no me explico y que ni siquiera me voy a molestar en averiguar, creí que era mucho más de lo que se veía a simple vista cuando era muchísimo menos de lo que en realidad es. Y caí en la cuenta ayer, en mi habitual paseo nocturno cuando iba en las nubes y la verdad me caló de lleno, una certeza absoluta que hizo que me sintiera liberada de un peso invisible pero realmente molesto pues me hacía vulnerable de cara a mis antiguos compañeros de pupitre.

Sinceramente, en algún momento de mi existencia, perdí la capacidad de amar, de sentir el afecto que recibo de otras personas, el tacto de una caricia me convierte en piedra, me incomoda si bien he intentado cambiar y ¡¡ahora doy abrazos de oso!! no obstante por mucho que me esfuerce ...sigo sin notar nada, es como cuando saludas cordialmente con dos besos a algún conocido/extraño, lo haces por educación pero realmente te es indiferente. En mi caso, en vez de repartir besos, reparto abrazos bestias que le crujirán a más de uno las vértebras y según qué tipo de gente les revuelvo el pelo como si fuera un perro melenas pero no es más que mi forma de proyectar aprecio. Sin embargo, he aprendido a demostrar el cariño con pequeños detalles y lo debo de estar haciendo bien porque ya voy percibiendo los sentimientos que otros profesan hacia mí. Lo que supone un avance al advertir que viejas heridas se van curando conforme evoluciono.
Eso con las personas, caso contrario ocurre con los animales, con ellos sí que parezco un oso amoroso por la sencilla razón que jamás me hirieron. Aparte poseen un corazón tan noble que ningún humano podrá igualar nunca.

Y como punto final, creo que he dado con la razón por la que estoy escribiendo a las 4 de la madrugada y es por desahogo. No todos poseemos un pensador como Dumbledore. Así que necesito escribir, evadirme, desatando recuerdos, historias insignificantes o importantes, tonterías que me crucen sin ton ni son. En definitiva, despejar la mente, barrer el polvo y dejar que todo fluya porque vaya vertedero de emociones que estoy hecha. 

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