martes, 21 de mayo de 2013

Dejando huella



Loba oculta entre las sombras de un par de árboles de endeble corteza, observa -sumida en su ir y venir constante de pensamientos infructuosos- su alrededor. Su rincón favorito para perderse y no por la belleza del paisaje. Se trata de una especie de pasillo que une dos calles con árboles escurridos flanqueando ambos lados plantados en un espacio de tierra reseca cuya función es desconocida pero que las mascotas saben dar su uso. Divide dos grandes parcelas valladas llenas a reventar de cañas, basura, malas hierbas, algunas palmeras solitarias y matojos. No es un lugar idílico pero sí que es el único dónde puede pararse a oler las fragancias que desprende la escasa vegetación y que tan buenos recuerdos trae a su desvencijada mente. Eso sí, lo que sobra son las farolas con su fatídica luz artificial que no deja apreciar la naturaleza en todo su esplendor en ningún sitio. No obstante, las copas de los arbolillos cubren ciertas zonas iluminadas proyectando sombras tenues. Y es ahí, a la vista de miradas curiosas y edificios colindantes, dónde ella se refugia. 

Nunca cierra los ojos cuando está en el exterior, demasiada desconfianza aunque sí que se siente resguardada bajo el manto índigo salpicado de infinitas estrellas. Alza la mirada para encontrarse con ellas y cuanto más las observa más fascinada se encuentra ante semejante despliegue de perfección eterna. Y es que, a pesar de no encajar en el lugar donde vive, cuando sus ojos reflejan esos diamantes lejanos, ella recuerda a dónde pertenece. Sentimientos de añoranza afloran en su interior pues todavía desconoce de dónde proceden esos atisbos fugaces, no obstante sonríe ya que parte de la frialdad que asola sus entrañas se desvanece. Esa calidez que se asienta momentáneamente en su piel es la que marca la diferencia. Se siente más cerca de ella misma. 

Esa desconocida conocida que se mira todos los días al espejo sabe que tiene infinidad de problemas y aunque es plenamente consciente de que el tiempo, una vez más, se le echará encima ésta vez de forma definitiva, todavía se halla en un barullo desquiciante que la confunde, la agota y la somete. Y si algo odia es la sumisión. Por desgracia, sus demonios son más fuertes y cada paso que da supone hacer equilibrios sobre una cuerda a 200 metros de altura. No es débil pero está rota de tanto luchar contra una pared que no se mueve provocándole la imposibilidad de avanzar. No se ha rendido pero su energía se ha extinguido. 

+ Llegaste al mundo para ser muchísimo más de lo que eres ahora.
- Te equivocas, nací para ser el ejemplo que todo padre advierte a sus retoños que no se debe hacer jamás. 
+ ¿Te rindes?
- No
+ Entonces..¡¿¡¿a qué esperas?!?!
- A que me dejes en paz. 
+ Tú no sabes lo que es eso.
- Cierto.
+ Y en la vida lo vas a descubrir si sigues con la cabeza gacha y sentada en el suelo. 
- Lárgate. 

Dejando a un lado su infierno personal, también posee su espíritu..un alma que yace marchita esperando el momento glorioso de emprender el vuelo y saborear la libertad sobre sus encadenadas alas. Ella también desea fervientemente salir de su propia tumba. Y para ser ésa princesa guerrera que imagina tiene que demostrar su valía matando a los monstruos que la oprimen. Para vencer las pesadillas, los sueños tienen que crecer hasta ser reales. Para extinguir el fuego, tienes que fluir, ser el agua en una catarata. 


Lucha, princesa. Aúlla a la luna tus ganas de vivir. 

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