domingo, 30 de junio de 2013

Dreams II.


El sábado me fui a la playa con mi madrina y hemos vuelto hoy al mediodía. Pues bien, llevo día y medio en el que la mayoría de la conversación ha fluido en torno a mi futuro papel como tita y los inexistentes, por ahora, sobrinos/sobrino/sobrinas/sobrina. Quien me conoce, aunque sea superficialmente, una de las primeras cosas que pilla al vuelo es que carezco totalmente de instinto maternal y que los bebés/niños no me causan especialmente ternura ni adoración. De hecho, los recién nacidos son feos...pero feos, dan repelús y esos ojos tan negros recuerdan a las típicas películas norteamericanas de terror. Cada vez que veo esa imagen en mi mente, se me pone los pocos pelufos que tengo en los brazos, en punta y por supuesto, lo último que te dan ganas es de acercarte ese bicho al cuerpo.

Así pues, mi querida tita, todo lo contrario a mí en cuanto a maternidad y similares me ha metido una paliza del coponcio en menos de 48h. Si a eso le sumamos el dolor lacerante de muelas que me lleva asediando gran parte de la semana y la cantidad de calmantes que me corren por las venas, podemos esperar que no disfrute de un sueño profundo así como con tíos buenos, calcetines donde elegir, éxitos varios, bla bla...nooooooo! toca pesadillas o sueños estrafalarios que rayan lo psicodélico.

Puntualizar que voy a relatar, a continuación, un sueño algo inquietante con música de fondo de la mano de Hildegard von Bingen y de vez en cuando, un griterío de muchedumbre enfadada. Dudo que a partir de esta noche, le caiga a alguien en gracia Brasil.

Todo sucede en la casa de la huerta. Aunque, en esta ocasión, todo tiene un aspecto más envejecido y ligeramente transformado. Como de costumbre, no veo a nadie ni siquiera a mí misma con claridad, sé quiénes son, sé que estoy allí, quizás exactamente igual que estoy ahora pero está todo envuelto en un matiz difuminado.
Me veo a mí misma, en el porche de la planta baja de pie, recordando. No sé qué hora del día era cuándo sucedió pero agradezco que esa imagen también la contemplara con un deje borroso y poco definido. Estábamos Pichón y yo en algún balcón -desconozco la localización porque a primera vista parece mi casa pero luego no lo es-, eeeeeh pues dándole palique al asunto y -Pichón no es mi novio, de hecho, más gay y no nace- por desgracia, me dio tiempo a ver hasta la posición. De vuelta a la realidad, alguien me pregunta cuántas veces sin protección y yo contesto que una. En verdad, fueron varias, al parecer al jodío nunca se le acababa el depósito. Varias en un mismo día, seguidas, quiero decir. (La ostia, tengo buena memoria hasta soñando...). Aclarar que sabía que era él pero, por lo visto, le cambié así como quien no quiere la cosa, el cuerpo de cuello para abajo a mi gusto. Lo sé porque, entre otras cosas, el muchacho en la vida real parece un palo de fregona, mocho incluido y luego que veía su torso con mayor lucidez. Y creadme era una tableta no cuadrada pero en su punto.

Total que al parecer, a causa del resultado de una analítica,  había descubierto que me había quedado embarazada pero en realidad no se sabría de forma definitiva hasta que no me hicieran otra clase de prueba, tipo ecografía, los conocimientos médicos no los recuerdo. Entonces, sale por ahí uno de mis primos, vamos a llamarlo, Rubishel. Él creía que por besarnos en una macro fiesta de la cual en la vida real, jamás pondría un pie, me había preñado mágicamente. Es más, en los últimos rescoldos del sueño sale por ahí con dos palos anchotes tipo bambú igual de largos que mis piernas y me veo preguntándole que para qué eran y él me contestaba algo de la forma de la tripa durante el embarazo, todo esto sucedía delante de mi padre cuyo rostro sí veía y otros cuantos más que eran una mancha indistinguible. Yo contestaba rápidamente que qué me estaba contando, que yo no me había quedado preñada y tal y mi primo me soltaba con toda naturalidad que si no me servía para lo que me había dicho, entonces harían un buen uso cuando tuviéramos relaciones sexuales. Sin comentarios. Pues nada, de pronto, me teletransporto a mi cuarto y estoy acostada en mi cama, con mi perra al lado y reflexionando de qué forma le voy a contar a Pichón que, debido a ese impulso que tuvimos ése día, pues había ocurrido lo que nadie quería que sucediera, menos yo. Una bonita forma de perder la virginidad, nótese el sarcasmo. Al final, opto por llamarlo al móvil y decírselo así como quien dice de irse al cine a ver la última de Pixar. Me lo coge y cuando estoy a punto de soltarle la traca, entra mi madre sin llamar y cuelgo a la vez que me siento encima del móvil, preguntándome que qué quería de cenar. Ella no sabía nada del asunto, comprensible, verdad?. No sé qué le contesto, se va, cuando estoy segura de que no me puede oír, vuelvo a llamar y en esta ocasión, no descuelga.

Otra cosa que recuerdo es que una de mis primas, que en teoría era la hermana de Rubishel le había prohibido a él acercarse a mí después de la gran noticia. Luego, salgo hablando con ella por móvil y le pregunto acerca de eso y me contesta que le daba igual, que otro sobrino más. El caso es que cuando hablaba no se refería a Rubishel sino a Pichón, como si ella fuera su hermana aunque en realidad fuera la del primero...en verdad, no era la de ninguno de los dos.

FIN

Ahora sí, cualquiera que lea esto sin tener la menor idea de quién soy y cómo soy, pensará que estoy más salida que el pico del mango de una carretilla y que quizás tenga un trastorno mental. Pues no. Nada de eso, aunque admito que me falta algún que otro tornillo.
Por esta vez, conozco el trasfondo de la pesadilla porque sí, lo es. Si bien es cierto que Pichón se ha ganado su huequito en mí, pero de ahí a hacer lo que hacíamos en esa ensoñación, no hay un trecho sino un par de planetas y galaxias de por medio.
Así pues, el significado en sí creo que no lo tiene, como ya he dicho carece totalmente de sentido. La conclusión que saco hace referencias a las situaciones que he vivido estos últimos días, tales como mi tía enrollándose cual persiana con el rollo de los sobrinos, mi primo quejándose de que por más que hiciera abdominales no conseguía la tableta y la comida familiar de todos los domingos que hay en la casa.
En resumen, un popurrí de mi entorno familiar con un toque chocante, tirando a absurdo. Y por último, tirando un poco más del hilo, cierta inquietud de cómo será ese momento y las consecuencias que puede tener, obviamente no me refiero al embarazo.
No me hago responsable de lo que sueño o no, mi mala cabeza sabrá los líos que se monta ella sola. 

domingo, 23 de junio de 2013

¿Cómo se mata a "la negra"? Necesito aprender brujería.



Hoy ha sido un día de mierda.

Comenzó normal pero conforme fueron pasando las horas, se iba torciendo más. Si eres una gafe redomada como yo, no puedes permitirte el lujo de bajar la guardia y hacer planes futuros aunque dicho periodo de tiempo no pase de la noche.
El objetivo de la cámara ya estaba fastidiado desde hace meses, no obstante, seguí usándola con frecuencia procurando no profundizar en el zoom ya que ahí es dónde residía el problema.  Esperaba esta noche con ilusión pues podría contemplar una soberana y hermosa luna llena, disfrutar de las hogueras y los fuegos artificiales y como no, hacer un reportaje fotográfico de todo ello. Pues, por lo visto, me ha sido vetado semejante "privilegio" ya que dicho artefacto ha decidido morir esta tarde mientras buscaba un buen enfoque para fotografiar un grupo de aves que sobrevolaban la zona.  Se le ha quedado el objetivo atrancado y aquí la tengo apagada, sin la batería y la lente espachurría. Todavía está en garantía pero como suele ocurrir en la mayoría de casos, hagas lo que hagas, digas lo que digas, la culpa será siempre tuya, ellos no se hacen cargo absolutamente de nada y eso que tuve que hacer un cambiazo de baterías con mi antigua cámara porque la que llevaba no se encajaba en su sitio provocando que se apagase sin previo aviso.

No obstante, opté por callarme porque tengo fama (ganada a pulso) de que los aparatos electrónicos - y los que no, también - se rompan en extrañas circunstancias con resultados como si les hubiese pasado por encima un camión. Arranques de mala ostia que me dan, oiga. Por aquel entonces, el aparatito tenía sólo dos días...o uno y medio y no quería dar la voz de alarma.

Algunos pensarán que la cosa no es para tanto lo que desconocéis es que es una parte de mí, un trocito de alma, voy a todos lados con ella y cuando ha empezado a dar problemas se me han encogido las extrañas de impotencia porque ya sabía que tarde o temprano, llegaría el día en que la lente no diera para más pero no esperaba que fuera tan pronto y tan inesperado. Estoy triste. No tengo dinero para comprar otra, sin embargo, mañana me pasaré por varias tiendas para ver si tiene arreglo y si es así, pedir presupuesto y ver si merece la pena, normalmente cuesta más la reparación que la propia cámara. Lo que le ha ocurrido hace que me sienta vacía y desganada, ya que no quiero ver ni visitar nada que me pueda llamar la atención si no la tengo para poder plasmarlo y recordarlo siempre.
Hoy cenábamos en la casa de la huerta pero ni me he sentado con los míos - estaban viendo el fútbol, deporte que detesto- y apenas he probado bocado. Así que he optado por acostarme en un sillón en un rincón dónde pudiera observar con total naturalidad el cielo sin que me estorbase la iluminación de las farolas naranja chillón. Este año, la hoguera no ha sido nada especial, parecía más el típico fuego que enciendes para quemar basura y malas hierbas que otra cosa, si bien lo que se estaba quemando era justo eso. No he pedido ningún deseo ni me he parado a contemplarla, más que nada porque desde mi posición -en un resquicio entre los respaldos de los sillones-, la tenía a la vista. Tampoco me sentía ya con ánimos de lanzar mis deseos a las llamas, total arderían junto con la basura así que no es muy simbólico ni halagüeño. Me he venido en mi coche -le tocaba paseo- éste también tiene su historia y un significado emotivo. Me encanta, no lo disfruto tanto como quisiera debido al elevado precio de la gasolina y soy consciente de que le toca baño, hasta alguien ha firmado en él y aunque no conozco a dicho individuo en persona, conozco su tag, pintado en algunas de las paredes de la zona. Si por mi fuera recorrería todos los lugares y pintorescos rincones de la región con él y sola, sí, me iría de excursión a sitios desconocidos en compañía de mi soledad y mi coche, ya que no he tenido la suerte de conocer gente con el mismo afán de aventura. Necesito socializar pero no sé cómo si por lo general, no soy una persona sociable y no me fío un pelo de las personas.

viernes, 14 de junio de 2013

No quiero un príncipe ni media naranja...¡¡quiero mi otro calcetín!!


La palabra "príncipe" se me está haciendo bochornosa ya, quizás sea por la ojeriza que le tengo a la Casa Real, todavía no sé qué función hacen aparte de chupar del bote.
Otra imagen que se me viene a la cabeza, es el príncipe de Blancanieves, en mi opinión, demasiado afeminado cualquiera diría que si no es gay, le falta poco.
Y es que el término "príncipe" está prácticamente obsoleto en nuestra época. Por supuesto, siempre existirá el sistema de castas pero no poseen importancia alguna salvo por sus sonoros derroches y total falta de humildad. Cuando el dinero habla, la verdad calla y no creo que vayan a cambiar las cosas. Llamadme pesimista pero quizás seáis vosotros los que tenéis un exceso de positividad.

Los exámenes han ido de pena, de hecho, creo que me vuelvo a ir con todo el equipo a septiembre. Bien, era lo esperado así que no me pillo ningún berrinche, me lo he buscado. Mañana tengo la prueba de acceso a grado superior y si alguien sabe dónde está el papelito que tengo que entregar como identificación que me lo haga saber antes de las 9. De todas maneras, me presento por pura racanería, ya que lo pagué, lo hago, aunque tengan una soberana mierda de cursos. Y la mitad no sirven para nada pero así va España. Hagas lo que hagas, estudies cuantas carreras quieras, terminaras igualmente en la cola del paro como cualquier otro desgraciado. Son exactamente las 4.00h de la madrugada y sé de milagro, las asignaturas a las que me voy a presentar. No llevo ninguna preparación previa...no me importa, salvo por haberle cascado 9.41€ -gracias a la tarjeta del paro-. Aclaremos que en el momento de echar la inscripción, yo quería hacer la prueba como vía adicional por si la cagaba en los finales, renunciando sin remedio a la selectividad. Y todo el mundo sabe que, tal y como están las cosas, si te presentas en septiembre y apruebas, difícilmente vas a entrar en una carrera con un cupo determinado de plazas, pues se llenan en su totalidad en las anteriores convocatorias. Estaba encabezonada en entrar a la universidad y estudiar veterinaria y no contemplaba otras opciones, pues las consideraba una derrota. Finalmente, senté la cabeza -aunque me hubiera venido bien la presencia de Rafiki como apoyo moral y reflexión filosófica sobre la dirección de mis pasos-. Por suerte, no necesité que me dieran un viaje con un bastón armado con una maracuyá o peor, un coco.

Me encantan los calcetines zarrapastrosos aunque no me gustan que siempre estén agujereados en el dedo gordo del pie, resulta incómodo y según quién los lleve, totalmente antiestético más si encima son malolientes, yo al menos, los lavo y me los pongo limpitos. Puestos a ser sinceros, si busco comodidad absoluta me encanta la ropa vieja, agujereada que tira más para el cajón de los trapos que para el armario, tiene la tela tan sumamente desgastada que una vez que la secas ya no está más tiesa que los propios hilos del tendedero. Detalle que me crispa los nervios. De hecho, siempre me he preguntado qué clase de lavadoras/secadoras y productos utilizaran los de las tiendas de ropa para que estén tan irresistiblemente suaves y en cambio, en cuanto te lo pones una vez y lo metes a la secadora...¡¡puuumm!! tienes que encasquetarlo en el respaldo de una silla para volverlo a ensanchar y con suerte, te lo podrás volver a poner. Y con la polución que hay ni piensas en colgarlo en el tenderete si, luego a luego, tendrás que volver a lavarlo por la peste. Me encantaría vivir a lo Heidi pero con una pequeña modernidad: ordenador y wi-fi.

No hace falta ser muy hábil para saber que mi prenda favorita será entonces el pijama. Adorables los de Primark, aunque en los de Disney se pasan de listos con los precios..¿¡qué pasa, que Disney nunca hace rebajas o qué!? Todavía es la maldita hora que sigo soñando con un peluche de Ígor tamaño real, en verdad, me conformaría con cualquier personaje de Winnie the Pooh a excepción claro de Piglet que siempre me dio mal rollo. No obstante y sin perder la rutina, tiene que haber un inconveniente por cada cosa que me guste y es el que he citado más arriba sobre el defecto de las secadoras de encoger las prendas, estoy hasta por atesorarlos en plan friki coleccionista.

Hace calor, lo cierto es que aquí rara vez hace frío, lo que sí existe y en abundancia es gente friolera. Puntualizar que tengo la ventana abierta y entra un agradable  desagradable tufo a caucho quemado desde hace unas horas. Estaba viendo un capítulo de las Chicas Gilmore (si alguna vez he dicho algo bueno de Jess, lo retiro) cuando me ha alertado el olor cercano, demasiado, de goma quemándose y yo que desde que le prendí fuego al hornillo llevo una paranoia encima en lo referente al fuego, enseguida me he puesto a olisquear la habitación como un sabueso en busca de la procedencia del hedor hasta ir a parar con la cabeza metida entre los cables y la torre del ordenador, dónde se olía más concentrado así que tiesa como la ropa del tendedero he salido disparada a buscar a mi mami que, tras una breve inspección y apagando a mi compañero del alma por si las moscas, llegó a la conclusión de que la pestilencia venía de fuera, osease que esperando que fuera cierto y no existiera la posibilidad de que mi pobre bebé se estuviera chamuscando, me asomé al balcón y voilá!...dos horas después aún sigo respirando tan "fantástico" aroma. No se quién pijo estará dedicándose a quemar contenedores...

Llevo unas semanas con una empanada mental digna de Bob Marley y sin necesidad de chutarme ninguna clase de estupefacientes y he vivido como en la inopia. No me acuerdo de lo que he hecho o he dejado de hacer, he dicho o no dicho, de los disparates que habré soltado o no, ni siquiera recuerdo los sueños, ésto último raya lo anormal en mi persona. Quiero decir, yo soy la que nunca pierde detalle por más insignificante que sea, sí, soy despistada pero observadora aguda y aunque sea incapaz de dedicarme a hacer dos cosas a la vez - vena masculina- estoy en lo que tengo que estar y si el momento lo precisa, con el radar encendido y ni eso. No sé nada de nadie, ni lo que ha ocurrido ni lo que no, nada. Y si me hablan o alguna alma misericordiosa intenta mantener una conversación conmigo, mi mente tarda en procesar lo que me dicen, mostrando la viva imagen de tía que viven en los laureles. Y si a eso le sumamos, que muchas veces llevo unas pintas que cualquiera pensaría que me dedico a fumar porros y escuchar reggae, pues no facilita las cosas, ya de por sí, truncadas.

Soy consciente de que llevo un lío mental algo grande y que no espabilo aunque se me este cayendo el mundo a pedazos, como lo está haciendo. Quebranté mi promesa y lo lamento, precisamente lo acordamos para que ninguno tuviera que sufrir innecesariamente otra vez y voy yo y meto la pata, de nuevo. Sin embargo, en esta ocasión no he sufrido daños sino más bien una buena ración de molestia - ya sabes lo que me revienta que planeen las cosas dos pasos por delante y encima con prisa- mezclado con dosis de confusión y una aversión gratuita hacia el individuo palurdo que me arrebató mis escasos rescoldos de inocencia.
He leído la saga de cincuenta sombras, a mi manera sí y no enteros ni falta que hacía y no me he traumatizado salvo por el hecho, de que odio los dichosos libros, son un ataque a la integridad y respeto a la mujer, son sobradamente machistas y se pueden meter la estúpida mierda ésa de sumisa por dónde menos les quepa y más les joda. Es más, es que sólo oír la primera palabra del título saco la picaza de la caseta.

Relájate.
Anclarse a los recuerdos no es sano. Pero no hay forma de sanar si no solventas los errores que te trajeron a esta situación. El desorden en mi centro de control de acciones -cerebro- es un completo estorbo que sólo trae caos consigo. Nunca me he considerado una persona ordenada si bien me gusta ordenar pero a mi modo y no de forma obsesiva-compulsiva. Así que prefiero proceder al método básico de curación de heridas y para ello, tengo (debo) de buscar la fuente de mi malestar para aclarar lo que una vez se dejó en el aire airadamente inconcluso, meditar y encontrar un punto intermedio para hacerlo más liviano a ambas partes y finalmente, dar por concluida dicha vivencia de forma que el recuerdo sea una hebra más de la memoria sintiendo sólo la paz de haber hecho lo correcto.
Lo que ha ocurrido con el personaje éste sólo me ha dejado las cosas más claras no, cristalinas. Yo quería que fueras tú, siempre fuiste tú. Era un pacto de confianza sumado al amor - me sigue produciendo repelús dicha palabrita-  que sentía por ti lo que hacía que quisiera entregarte mi esencia más pura. No tengo claro si después de todo, no habré saldo ganando al no haber hecho acto de presencia en mi vida.  Lo que si sé certeramente, es que una vez roto, se selló para siempre, nadie más ha vuelto a ocupar tu lugar por más que lo desee. Y lo deseo. Porque quiero avanzar, experimentar, conocer la sensación de sentir , confiar, aprender y querer. Me lo merezco, necesito más color en mi existencia, tanto tono apagado me está consumiendo y yo quiero disfrutar de mi juventud como nunca antes lo había hecho. No quiero olvidarte, porque fuiste una parte de mí pero tampoco quiero sufrirte eternamente.

Quiero dejar de ser invisible, de ser causa de rechazo. Comenzar una nueva etapa, relacionarme a nivel social, ampliar el escaso círculo de amigos, ver mundo, reír y descubrir. Cerrar de un portazo todo el drama de estos últimos años y amanecer con una sonrisa en la cara, lista para comerme el mundo. Y hablando de comida, sí, también me encantaría hacer el grado medio de técnico en repostería, confitería y panadería. Y emprender mi entrada al mundo laboral, fundando mi propio negocio como tienda de golosinas - entre otras cosas- al más puro estilo de las casas de jengibre. Que, por otro lado, es uno de los muchos sueños de toda la vida de mi madre - tener una tienda de chucherías, lo del jengibre lo añado yo- .

Llevo toda una vida creyendo y esperando a mi príncipe azul sólo para darme cuenta de que, en realidad, no existe y que, en verdad, no lo quiero. No busco la mitad de una naranja porque mi otra mitad ya la encontré en Nana. Soy un calcetín espachurrado que busca al que siempre se pierde de camino a la lavadora. Anhelo la persona que sepa ver más allá de la apariencia, que se enamore de mí, de lo que soy realmente, incluyendo mis pequeñas manías y que sobre todo, comprenda mis demonios. Que me ayude a ser una mejor versión de mi misma, que me guíe en lo desconocido que hasta ahora siempre me ha sido vetado, que me transmita tranquilidad, confianza y seguridad. En definitiva, que sepa llegar hasta mí sin necesidad de intentar amoldarme a los convencionalismos de hoy en día ni a sus propios ideales.

A un espíritu indomable no se le pone límites 
pero sí de verdad conoces el camino para llegar
 a su esencia más indómita entonces, fluirás como un elemento más de su alma. 

lunes, 3 de junio de 2013

Dreams

A riesgo de parecer una paleta escribiendo y con un examen final de filosofía mañana que me lleva por la calle de la amargura, comenzaré relatando algunos sueños que he tenido estas últimas noches de insomnio y ansiedad. He leído que para una correcta interpretación de los sueños hace falta dos cosas: Una, describirlos en un cuaderno antes de que se te esfumen y dos, consultar un especialista en ese campo. Dado que ésto último no es posible y si lo fuera, no lo haría me concentraré en hacer las cosas bien y ver qué conclusión puedo sacar de ello..aunque, en el fondo, sé dónde se encuentra el problema. Probemos.

(Como aquella vez en que se me ocurrió la "fantástica" idea de leer las líneas de mis manos, lo que viene a ser la quiromancia..autodidacta, ¡¡hasta me dejaron una guía muy completa sobre el modo correcto y las pautas a seguir!!..El resultado no fue el esperado, resumiendo; soy el punto de mira de todas las desgracias y eh! que no me lo invento yo, lo jodido es que lo pone -no con ésas palabras- en el dichoso libro, a saber quién me mandaría a mí...)

Bien, vale, ahora mismo..no me acuerdo con exactitud de ninguno pero haré un esfuerzo aunque me explote el cerebro por overbooking de conocimientos inútiles.

El más reciente ha sido el de esta tarde en la mini siesta que he INTENTADO echarme. No es fácil dormir cuando 1h antes -más o menos- se ha empinado uno, una taza de granizado de café concentrado. En serio, la cafeína se debe de tomar moderadamente y a ser posible en épocas en el que el estrés no sea tu compañero de armas. Da igual lo que hayáis visto en las Chicas Gilmore, nosotros somos mortales. Hablando de las muchachas éstas, he soñado con Rory y Jess, sólo que la primera era yo en su cuerpo y el otro...ése no había cambiado.

*INCISO* Reconozco que uno de mis hombres predilectos es Jared Padalecki que hace de Dean en la serie, razón por la cual, antes de ver nada ya estufiaba a Jess (Milo Ventimiglia). No obstante, ya no le tengo tanta ojeriza, tiene ese punto macarra que por alguna extraña razón nos atrae a las mujeres aunque claro, puntualizar que estaba mejor...en los tiempos en los que rodó la serie.

Pues nada, tras ésta breve aclaración, resulta que nos hallábamos en el barrio del Infante - un tanto metamorfoseado- y corríamos huyendo de un grupo de personas de etnia gitana -cabe destacar que llevaban tanto oro que parecían un gusiluz- y con el uniforme incluido de Chilton hacía una especie de versión muuuy torpe de parkour saltando vallas, escaleras, etc, lo que no sé es cómo no me deje los piños como parte del decorado natural del lugar. Era de noche e íbamos enfilando para la Avenida de los Dolores (rotonda del Media Markt) por un jardín con muchos arbustos que parecían puffs y columpios por doquier, éso parecía más una carrera de obstáculos que una huida, subimos una rampa llena de guijarros y me instó a esconderme entre un seto y una palmera -no sin antes estrellarme de morros con una pared de cristal que no sé que pintaba ahí y tampoco por qué iba a cuatro patas -. Evidentemente, por mucho que me esforzara en encogerme como si fuera una cochinilla, era muchísimo más grande que aquel seto que parecía una taburete de Ikea Kids, no podía camuflarme en la oscuridad porque detrás estaba el cristal que reflejaba una luz mortecina que no sé de qué era ni de dónde venía. Total, que al tío le valió posicionarse detrás de una palmera para ocultarse pero a mí me pilló la bruja de lleno - era una mujer de cabellos rizados, rubia, llevaba muchos abalorios y tenía un aire a Esmeralda, del Jorobado de Notre Dame, en cuanto a vestimenta se refiere- Sé que era bruja, no sé si de magia blanca o negra, eso sí, pinta amigable no tenía ninguna y sonreía de una manera que a uno le llegan inequívocamente señales de una muerte próxima. Había también otra mujer pero estaba sumida en las sombras aunque sí que recuerdo que había una hoguera relativamente cerca, porque distinguí a la primera mujer precisamente por el reflejo de las llamas. Ya no me acuerdo de nada más, lo único que querían algo de mí pero yo no sabía qué era.

*PUNTUALIZACIÓN* Al igual que no duermo a pata suelta tampoco tengo un sólo y profundo sueño, no, tengo varios y de profundos nada, más bien realistas y demasiado.

Otro. En esta ocasión iba en bicicleta buscando o persiguiendo algo o alguien. También iba por el barrio del Infante y sí, estaba cambiado como tachado a la antigua. De éste recuerdo retazos aunque se enlazaba de alguna manera con el anterior descrito. El caso es que pasaba por enfrente del patio de una escuela, si es que ese trozo de tierra en medio de la nada se le puede clasificar así y había dos niñas con uniforme (parecido al de Rory) y yo tenía que darles algo o preguntar por alguien. Pues nada, dejo la bici aparcada en el lateral de un contenedor del vidrio y cuando voy de vuelta me topo con un tío muy estrafalario al más puro estilo sargento   Baracus, sólo que llevaba una camiseta roja con un logo en negro y parecía que llevaba una piña como peinado. Ah! y gafas de aviador. Total, que voy corriendo hacia él -que ya se había montado en MI bici y se largaba tan tranquilo- soltándole alaridos e insultos varios, que desconocía su existencia hasta ese momento, cuando de pronto se para, me mira detrás de sus gafas y me suelta una tremenda diatriba verbal sobre el capitalismo y el anti sistema. Él optaba por vivir al margen de las reglas que dictaba la sociedad consumista de hoy en día y vivía en un viejo autobús transformado en caravana -tampoco es que fuera muy asiduo a la limpieza y el orden-.

Fin.

Por otro lado, hace unas semanas, soñaba muy a menudo con cierta persona que cuando se marchó se llevó una parte de mí con él y a veces, le acompañaba mi querida Nana. Y extrañas personas sin rostro que hacían la función de personajes secundarios.
He de reconocer algo que me resulta duro de confesar y es que, en verdad, ya no me acuerdo de su rostro, de nada en realidad. La visión que tengo de él es difusa. Ahora bien, en los sueños aparece en calidad HD por decirlo de alguna forma y son meros retazos de las fotos que solía enviarme. La ensoñación adquiere siempre un tono cálido, siempre hay luz, brilla el sol, sean las circunstancias que sean. Invariablemente, le busco yo y me encuentra él. En cuanto a las características, suele sacar a relucir lo que llevo dentro, lo que me carcome, lo muchísimo que le echo de menos e incluso, que le necesito. Durante todo ese lapso, antes de encontrarme con él me muestro ansiosa, cauta, triste porque por más que busco no atino y de pronto y siempre de la nada, aparece como si fuera mi estrella y bueno, al principio, me quedo estupefacta, después recelosa y por último me lanzo a sus brazos que, por supuesto, me reciben abiertos. Sus ojos verdes brillan y me observan con el sentimiento que jamás pudimos experimentar y una franca sonrisa. Yo, en esos momentos, no me veo a mi misma con claridad, sólo me embebo de esa ilusión porque sé que se esfumará como el humo, sé que no es real pero a la vez, ése encuentro está teñido de un realismo que sobrecoge. Como de costumbre, me despierto con una abrupta sensación de pérdida, lágrimas a punto de desbordarse (ya aprendí a manejar la situación) y angustiosa necesidad de sus abrazos porque, y ni una vez falla, cuando estoy cerca o me rodea con sus brazos (era mucho más alto que yo) siento una seguridad que nunca he sentido con nadie , tranquilidad por no tener que fingir alguien que no soy u ocultar mi esencia por miedo a que me tomen por un bicho raro.

No deja de ser curioso haber amado tanto a una persona que jamás tuve enfrente mía. Es patético pero lo que yo sentí era verdadero, pueden llamarme ilusa pero alguien que te hace estremecer sin ponerte un dedo encima, que encontró la forma de abrirse paso a través de la fortaleza en la que me resguardaba y supo ver más allá de la apariencia, ya me pueden decir misa, que dicha persona le da tropecientas mil vueltas a cualquiera que haya conocido y que al primer vistazo, me rechazó como si fuera un objeto en un escaparate de outlet. Claro que también me redujo el corazón a cenizas y le guardo un saquito de odio con ingredientes especiales, aún así y cruzando los dedos ruego a los cielos que no sea ningún traficante de drogas y demás mierdas, no este sumido en el alcohol y otras mierdas similares, no este en la cárcel chupando condena y sobre todo, que no me tenga tanto odio que si nos cruzamos me raje en dos. A esas edades no era ningún ángel caído del cielo pero tampoco era un cabrón endemoniado, obviamente no defiendo todo el daño que me ha causado pero conocía el trasfondo de sus acciones e intenté ayudarlo aunque por minoría fallara estrepitosamente.
No puedes ayudar a una persona medio descarriada hablando sólo por MSN, necesitas un contacto más estable con ella y confianza a cantidades industriales y yo no poseía ninguna de las dos cosas.

Para avanzar se precisa cerrar puertas, cicatrizar viejas desgarraduras , sustraer los aguijones evitando que el veneno se expanda y sobre todo, perdonar. Perdonarme a mí misma. Entender que hay cosas de las que no soy responsable y si lo soy, dejar de echarme tierra por encima.
En definitiva, necesito curarme y renacer del espectro a la vida. 

sábado, 1 de junio de 2013

El dragón de la elipa.



Hace tiempo que no te pienso, no obstante, no te he olvidado.
Para inspirarme en esta entrada pensaba escuchar las bases que teníamos para TSC pero no las he encontrado, juraría que no las eliminé pero conociendo mis arrebatos, probablemente lo hiciera. Quería escucharlas una última vez. Deseaba recordar una vez más. En esta ocasión, de forma definitiva, abrir la caja y prenderle fuego como último suspiro en tu memoria.

Me desquician los anuncios de Youtube por cada canción así que, haré uso de mi repertorio personal, cosa inútil pues ya lo tengo aborrecido. Ésas bases me gustaban, me emocionaban de verdad y fíjate, han desaparecido hasta de la página dónde las encontramos. Seguramente, estaba que echaba fuego por los ojos cuando decidí -de forma impulsiva, seguro- deshacerme de ellas. Posiblemente por alguna provocación tuya. Y es que, por desgracia, nos parecíamos mucho..demasiado, y eso siempre trae problemas a la larga. Es un mito que dos personas tan similares, tan afines, no choquen hasta producir una rotura del tamaño de una falla. No lo vi venir en su día, de hecho, no me di cuenta de a dónde nos dirigíamos hasta que...empezaste a cambiar y aún así me mostraba reacia a creer que podría llegar a ocurrir una cosa así.

Fui cauta en ese aspecto, allanando el camino para cuando descargase la tormenta no arrasara todo a su paso, tú, por lo visto, te preparaste a conciencia midiendo cada palabra incluso, ya que advertí que no mostraste alteración alguna, tan sólo indiferencia absoluta. Claro, que por SMS nada es lo que parece pero qué le íbamos a hacer si eras una cobarde redomada. ¿Tan poco significaba para ti, que no tuviste ni la más nimia dignidad en llamarme para intentar solucionarlo? Una conversación telefónica, sólo te pedía eso, una llamada, aunque luego hubiéramos terminado a gritos. Más valía escuchar ésas palabras de tu boca, en tu voz y no ocultarte detrás de la pantalla, en un mensaje de texto. A eso quedó reducida nuestra amistad; a un intercambio de SMS. Mucho ladras pero nunca muerdes. Mucha palabrería pero pocos hechos.

Nos considerábamos hermanas, sí, el más incompleto ying- yang. No poseíamos un equilibrio, una superficie estable dónde poder asirnos en el caso de que algo se torciera. Nunca estuvimos en el filo de la navaja, en cuanto a nuestra relación se refiere pero si que anduvimos en arenas movedizas todo el camino. Ninguna de las dos se percató de ése esencial detalle, al menos, al principio. Ahora que van aflorando, muy lentamente, los recuerdos...no éramos tan iguales. Quizás a simple vista, podíamos dar el pego y no físicamente ya que, también teníamos nuestras marcadas diferencias sino en lo profundo, en la esencia éramos dos mundos extrañamente conectados por múltiples similitudes a la par que incompatibles en infinitos aspectos. Por ejemplo, tenías la costumbre de respaldarte detrás de algo, de no dar la cara pero sí disparar el estufido de pleno y algo que jamás llegué a aceptar es que eras tan sumisa que me sacabas de quicio. Siempre presumías de que eras toda una rebelde, una revolucionaria pero después tu actitud frente a las adversidades hacía añicos tus delirios de grandeza.

A lo largo de mi existencia, he debido de desarrollar un cierto tipo de sistema inmunológico a nivel psíquico sin ser consciente de tal proceso. Por fin, está floreciendo y dando sus frutos, a buenas horas, como de costumbre haciendo gala de mi eterna demora en sucesos que requieren ir en consonancia absoluta con los ciclos que te impone a modo de prueba la vida. No obstante, se agradece su llegada en éstos caóticos trechos de permanencia, por lo que llevo observando, indefinida. Se trata de someter los recuerdos dolorosos a una omisión inexorable, es decir, entierras y arrinconas los sucesos que te atormentan en una parte de ti que no ofrece posibilidad de evocación. Obviamente, conoces su existencia pues, en algún momento, dichas historias tuvieron su importancia, te marcaron y, en lo que a mí respecta, todavía no han inventado una máquina para borrar de un plumazo lo que nos hirió, pero sí que podemos instruirnos en la complejidad de la memoria para construir una fosa en un rincón, fortalecernos viviendo el día a día e ir ahogando poco a poco ese dichoso asunto hasta que una mañana despertemos sin la acostumbrada sombra de la herida, removiendo una y otra vez lo que ocurrió, provocándonos a su vez, un estado latente de aflicción.  Y si se te cruzan los cables y haces el amago de inspeccionar dicha estocada, se alza en tu mente una pared y por más que te esfuerces,  llegan escasos retazos pero no alcanzas si quiera el punto inicial. En resumen, ejerces un control sobre ti mismo.

Eso me lleva a preguntarme qué hago escribiendo sobre el tema en cuestión. Y entre el lío que llevo en la cabeza, creo que he dado con la respuesta. Soy rencorosa, hasta hace nada me consideraba vengativa pero lo cierto es que soy incapaz de ponerme a la altura de ésos malnacidos. Una verdad como una catedral es que albergo tanta maldad dentro de mí como para montar mi propio templo infernal , lo que desconoce la gran mayoría es que ése veneno no es producto mío, no es natural , no viene de serie...sí que lo genero pero a raíz de mis malas experiencias sufridas desde que era una niña que no levantaba un palmo del suelo, me he criado en el dolor, la tristeza, la soledad y la incomprensión. Me he tenido que levantar y esporsarme el polvo sin una mano amiga y aunque empecé con la cabeza gacha en señal de rendición, hoy puedo afirmar que mi mirada sigue la estela del sol , encarcelada en mis propios demonios, sí, pero de pie, luchando y sobreviviendo, que es al fin y al cabo, lo que mejor se hacer. Me avergüenzo de lo que he hecho y en dónde he terminado por no haber sabido transformar ésa ira en coraje, por haberme dejado pisar de ésa absurda manera. Guardando esperanzas en el famoso cuentito del karma, quien pone a cada uno en su lugar para darme cuenta de que los que me hundieron, humillaron y me desgraciaron la vida han triunfado con creces y yo me he estancado a un nivel que hasta haría palidecer al más incrédulo. Dejaros de fantasías, si le sonríes a la vida, ésta no te da garantía alguna de que vaya a tener la misma consideración después. Y más empeño que le he puesto yo y sin embargo, no me he movido del mismo estanque de mierda.

A estas alturas, aún temo tropezarme con alguno de mis inútiles compañeros de colegio porque, según quién sea, le hostio o le mato. No les tengo miedo a ellos, sino a mí misma, es inquietante desconocer el control que tienes y si llegado el momento, vas a poder mantener las formas. Ésos hijos de la grandísima puta viven y son felices, al margen de los problemas que puedan tener. Sinceramente, cuánto más jodidos los vea, más satisfecha me sentiré. Parece un acto puramente malévolo y egoísta pero si tengo que pecar de cruel, bienvenido sea. En este concreto ámbito, no voy a mostrar conmiseración alguna, ésos despojos de la humanidad no merecen estar en el escalón en el que se encuentran, tras haber conseguido subir a él, pasando por encima de personas que, como yo, por desgracia nos cruzamos en su camino y por alguna desconocida razón, tuvimos que ser sus dianas, su entretenimiento.

Hace nada tras ver unas fotos de ellos en el facebook con mi madre, le comenté que aún con el tiempo transcurrido no quería verlos ni saber absolutamente nada de su existencia. Se alarmó y pude observar cómo su rostro pasaba de la incredulidad a la decepción, dijo así: "Todavía...tienes esos fantasmas en tu cabeza, por eso no avanzas, ¡¡déjalo ya!!, vive, olvídate, ellos también habrán tenido sus problemas y sin embargo, están estudiando, trabajando, viviendo [...]" Algo así. Lo que ocurre es que los quiero muertos. A unos más que a otros. Claro, que mi madre desconoce prácticamente toda la totalidad que se esconde en mí pues, desde hace años, me veo obligada a mostrar la cara que yo quiero que vea la gente, no la que de verdad soy. Eso complicaría en grado sumo las cosas, ya que me tomarían por la trastornada mental de la familia y lo último que deseo, es tensar más el eje familiar. No comprenderían jamás mis traumas y lo sé, porque ya lo intenté en su día y fue un error. Tampoco quiero que me tengan lástima, suficiente tienen con la vergüenza de tener a alguien como yo y aunque no hayan expresado dicho sentimiento en voz alta, se les nota. Pero no me importa, al menos ya no. Aclarar que mi buena madre no se avergüenza de su hija o bien, se niega a aceptarlo pero ella ha sido y es un pilar fundamental en mi día a día. Llevo su mirada grabada a fuego cuando le tuve que contar lo que ocurrió en el colegio, ella sabía el suplicio que yo aguantaba pero desconocía otras lindezas como por ejemplo, las veces que me tiraron por las escaleras como "zancadilla accidental". Éso la destrozó y me juré que a partir de ese momento, no volvería a sacar el tema, me lo guardaría y no le haría participe pues no aguanto verla sufrir. 

De niña, aprendí el don de la mentira, forzada a tener que ocultar la verdad de lo que me pasaba por miedo a las represalias y es que mi padre, no era un hombre que tolerase a los cobardes. Y yo era una chiquilla débil que hablaba en susurros, se quedaba helada en cuanto le levantaban la voz y no era capaz de defenderse frente a sus veintitantos compañeros y como aliño extra, algunos profesores con mi tutor@ incluido en el ajo. Y más de uno se preguntara, cómo era posible que ésos putos renacuajos tuvieran tanta mala idea, de qué forma le educarían sus padres o si era el propio colegio los que tergiversaba las enseñanzas de sus progenitores, cosa habitual. Era una escuela concertada y como tal, religiosa. Antes, lo llevaban las monjas -una mala hostia y que no faltasen las amenazas y las estúpidas reglas de madera- pero cuando tenía alrededor de 6 años cambiaron el programa de estudios y aunque ya no ejercieran directamente seguían participando activamente en otros eventos. Cometieron el nefasto error de dejarse a una, a la peor, al demonio en persona (y no podía ser más irónico). Ésa basura de mujer fue la responsable de que, entre muchas cosas, pusiera punto y final a esa situación no sin antes hundirme del todo, humillación diaria incluida en el paquete. Desde que me fui, jamás la he vuelto a ver y pobre de ella como llegue el día.