sábado, 1 de junio de 2013

El dragón de la elipa.



Hace tiempo que no te pienso, no obstante, no te he olvidado.
Para inspirarme en esta entrada pensaba escuchar las bases que teníamos para TSC pero no las he encontrado, juraría que no las eliminé pero conociendo mis arrebatos, probablemente lo hiciera. Quería escucharlas una última vez. Deseaba recordar una vez más. En esta ocasión, de forma definitiva, abrir la caja y prenderle fuego como último suspiro en tu memoria.

Me desquician los anuncios de Youtube por cada canción así que, haré uso de mi repertorio personal, cosa inútil pues ya lo tengo aborrecido. Ésas bases me gustaban, me emocionaban de verdad y fíjate, han desaparecido hasta de la página dónde las encontramos. Seguramente, estaba que echaba fuego por los ojos cuando decidí -de forma impulsiva, seguro- deshacerme de ellas. Posiblemente por alguna provocación tuya. Y es que, por desgracia, nos parecíamos mucho..demasiado, y eso siempre trae problemas a la larga. Es un mito que dos personas tan similares, tan afines, no choquen hasta producir una rotura del tamaño de una falla. No lo vi venir en su día, de hecho, no me di cuenta de a dónde nos dirigíamos hasta que...empezaste a cambiar y aún así me mostraba reacia a creer que podría llegar a ocurrir una cosa así.

Fui cauta en ese aspecto, allanando el camino para cuando descargase la tormenta no arrasara todo a su paso, tú, por lo visto, te preparaste a conciencia midiendo cada palabra incluso, ya que advertí que no mostraste alteración alguna, tan sólo indiferencia absoluta. Claro, que por SMS nada es lo que parece pero qué le íbamos a hacer si eras una cobarde redomada. ¿Tan poco significaba para ti, que no tuviste ni la más nimia dignidad en llamarme para intentar solucionarlo? Una conversación telefónica, sólo te pedía eso, una llamada, aunque luego hubiéramos terminado a gritos. Más valía escuchar ésas palabras de tu boca, en tu voz y no ocultarte detrás de la pantalla, en un mensaje de texto. A eso quedó reducida nuestra amistad; a un intercambio de SMS. Mucho ladras pero nunca muerdes. Mucha palabrería pero pocos hechos.

Nos considerábamos hermanas, sí, el más incompleto ying- yang. No poseíamos un equilibrio, una superficie estable dónde poder asirnos en el caso de que algo se torciera. Nunca estuvimos en el filo de la navaja, en cuanto a nuestra relación se refiere pero si que anduvimos en arenas movedizas todo el camino. Ninguna de las dos se percató de ése esencial detalle, al menos, al principio. Ahora que van aflorando, muy lentamente, los recuerdos...no éramos tan iguales. Quizás a simple vista, podíamos dar el pego y no físicamente ya que, también teníamos nuestras marcadas diferencias sino en lo profundo, en la esencia éramos dos mundos extrañamente conectados por múltiples similitudes a la par que incompatibles en infinitos aspectos. Por ejemplo, tenías la costumbre de respaldarte detrás de algo, de no dar la cara pero sí disparar el estufido de pleno y algo que jamás llegué a aceptar es que eras tan sumisa que me sacabas de quicio. Siempre presumías de que eras toda una rebelde, una revolucionaria pero después tu actitud frente a las adversidades hacía añicos tus delirios de grandeza.

A lo largo de mi existencia, he debido de desarrollar un cierto tipo de sistema inmunológico a nivel psíquico sin ser consciente de tal proceso. Por fin, está floreciendo y dando sus frutos, a buenas horas, como de costumbre haciendo gala de mi eterna demora en sucesos que requieren ir en consonancia absoluta con los ciclos que te impone a modo de prueba la vida. No obstante, se agradece su llegada en éstos caóticos trechos de permanencia, por lo que llevo observando, indefinida. Se trata de someter los recuerdos dolorosos a una omisión inexorable, es decir, entierras y arrinconas los sucesos que te atormentan en una parte de ti que no ofrece posibilidad de evocación. Obviamente, conoces su existencia pues, en algún momento, dichas historias tuvieron su importancia, te marcaron y, en lo que a mí respecta, todavía no han inventado una máquina para borrar de un plumazo lo que nos hirió, pero sí que podemos instruirnos en la complejidad de la memoria para construir una fosa en un rincón, fortalecernos viviendo el día a día e ir ahogando poco a poco ese dichoso asunto hasta que una mañana despertemos sin la acostumbrada sombra de la herida, removiendo una y otra vez lo que ocurrió, provocándonos a su vez, un estado latente de aflicción.  Y si se te cruzan los cables y haces el amago de inspeccionar dicha estocada, se alza en tu mente una pared y por más que te esfuerces,  llegan escasos retazos pero no alcanzas si quiera el punto inicial. En resumen, ejerces un control sobre ti mismo.

Eso me lleva a preguntarme qué hago escribiendo sobre el tema en cuestión. Y entre el lío que llevo en la cabeza, creo que he dado con la respuesta. Soy rencorosa, hasta hace nada me consideraba vengativa pero lo cierto es que soy incapaz de ponerme a la altura de ésos malnacidos. Una verdad como una catedral es que albergo tanta maldad dentro de mí como para montar mi propio templo infernal , lo que desconoce la gran mayoría es que ése veneno no es producto mío, no es natural , no viene de serie...sí que lo genero pero a raíz de mis malas experiencias sufridas desde que era una niña que no levantaba un palmo del suelo, me he criado en el dolor, la tristeza, la soledad y la incomprensión. Me he tenido que levantar y esporsarme el polvo sin una mano amiga y aunque empecé con la cabeza gacha en señal de rendición, hoy puedo afirmar que mi mirada sigue la estela del sol , encarcelada en mis propios demonios, sí, pero de pie, luchando y sobreviviendo, que es al fin y al cabo, lo que mejor se hacer. Me avergüenzo de lo que he hecho y en dónde he terminado por no haber sabido transformar ésa ira en coraje, por haberme dejado pisar de ésa absurda manera. Guardando esperanzas en el famoso cuentito del karma, quien pone a cada uno en su lugar para darme cuenta de que los que me hundieron, humillaron y me desgraciaron la vida han triunfado con creces y yo me he estancado a un nivel que hasta haría palidecer al más incrédulo. Dejaros de fantasías, si le sonríes a la vida, ésta no te da garantía alguna de que vaya a tener la misma consideración después. Y más empeño que le he puesto yo y sin embargo, no me he movido del mismo estanque de mierda.

A estas alturas, aún temo tropezarme con alguno de mis inútiles compañeros de colegio porque, según quién sea, le hostio o le mato. No les tengo miedo a ellos, sino a mí misma, es inquietante desconocer el control que tienes y si llegado el momento, vas a poder mantener las formas. Ésos hijos de la grandísima puta viven y son felices, al margen de los problemas que puedan tener. Sinceramente, cuánto más jodidos los vea, más satisfecha me sentiré. Parece un acto puramente malévolo y egoísta pero si tengo que pecar de cruel, bienvenido sea. En este concreto ámbito, no voy a mostrar conmiseración alguna, ésos despojos de la humanidad no merecen estar en el escalón en el que se encuentran, tras haber conseguido subir a él, pasando por encima de personas que, como yo, por desgracia nos cruzamos en su camino y por alguna desconocida razón, tuvimos que ser sus dianas, su entretenimiento.

Hace nada tras ver unas fotos de ellos en el facebook con mi madre, le comenté que aún con el tiempo transcurrido no quería verlos ni saber absolutamente nada de su existencia. Se alarmó y pude observar cómo su rostro pasaba de la incredulidad a la decepción, dijo así: "Todavía...tienes esos fantasmas en tu cabeza, por eso no avanzas, ¡¡déjalo ya!!, vive, olvídate, ellos también habrán tenido sus problemas y sin embargo, están estudiando, trabajando, viviendo [...]" Algo así. Lo que ocurre es que los quiero muertos. A unos más que a otros. Claro, que mi madre desconoce prácticamente toda la totalidad que se esconde en mí pues, desde hace años, me veo obligada a mostrar la cara que yo quiero que vea la gente, no la que de verdad soy. Eso complicaría en grado sumo las cosas, ya que me tomarían por la trastornada mental de la familia y lo último que deseo, es tensar más el eje familiar. No comprenderían jamás mis traumas y lo sé, porque ya lo intenté en su día y fue un error. Tampoco quiero que me tengan lástima, suficiente tienen con la vergüenza de tener a alguien como yo y aunque no hayan expresado dicho sentimiento en voz alta, se les nota. Pero no me importa, al menos ya no. Aclarar que mi buena madre no se avergüenza de su hija o bien, se niega a aceptarlo pero ella ha sido y es un pilar fundamental en mi día a día. Llevo su mirada grabada a fuego cuando le tuve que contar lo que ocurrió en el colegio, ella sabía el suplicio que yo aguantaba pero desconocía otras lindezas como por ejemplo, las veces que me tiraron por las escaleras como "zancadilla accidental". Éso la destrozó y me juré que a partir de ese momento, no volvería a sacar el tema, me lo guardaría y no le haría participe pues no aguanto verla sufrir. 

De niña, aprendí el don de la mentira, forzada a tener que ocultar la verdad de lo que me pasaba por miedo a las represalias y es que mi padre, no era un hombre que tolerase a los cobardes. Y yo era una chiquilla débil que hablaba en susurros, se quedaba helada en cuanto le levantaban la voz y no era capaz de defenderse frente a sus veintitantos compañeros y como aliño extra, algunos profesores con mi tutor@ incluido en el ajo. Y más de uno se preguntara, cómo era posible que ésos putos renacuajos tuvieran tanta mala idea, de qué forma le educarían sus padres o si era el propio colegio los que tergiversaba las enseñanzas de sus progenitores, cosa habitual. Era una escuela concertada y como tal, religiosa. Antes, lo llevaban las monjas -una mala hostia y que no faltasen las amenazas y las estúpidas reglas de madera- pero cuando tenía alrededor de 6 años cambiaron el programa de estudios y aunque ya no ejercieran directamente seguían participando activamente en otros eventos. Cometieron el nefasto error de dejarse a una, a la peor, al demonio en persona (y no podía ser más irónico). Ésa basura de mujer fue la responsable de que, entre muchas cosas, pusiera punto y final a esa situación no sin antes hundirme del todo, humillación diaria incluida en el paquete. Desde que me fui, jamás la he vuelto a ver y pobre de ella como llegue el día.

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