viernes, 14 de junio de 2013

No quiero un príncipe ni media naranja...¡¡quiero mi otro calcetín!!


La palabra "príncipe" se me está haciendo bochornosa ya, quizás sea por la ojeriza que le tengo a la Casa Real, todavía no sé qué función hacen aparte de chupar del bote.
Otra imagen que se me viene a la cabeza, es el príncipe de Blancanieves, en mi opinión, demasiado afeminado cualquiera diría que si no es gay, le falta poco.
Y es que el término "príncipe" está prácticamente obsoleto en nuestra época. Por supuesto, siempre existirá el sistema de castas pero no poseen importancia alguna salvo por sus sonoros derroches y total falta de humildad. Cuando el dinero habla, la verdad calla y no creo que vayan a cambiar las cosas. Llamadme pesimista pero quizás seáis vosotros los que tenéis un exceso de positividad.

Los exámenes han ido de pena, de hecho, creo que me vuelvo a ir con todo el equipo a septiembre. Bien, era lo esperado así que no me pillo ningún berrinche, me lo he buscado. Mañana tengo la prueba de acceso a grado superior y si alguien sabe dónde está el papelito que tengo que entregar como identificación que me lo haga saber antes de las 9. De todas maneras, me presento por pura racanería, ya que lo pagué, lo hago, aunque tengan una soberana mierda de cursos. Y la mitad no sirven para nada pero así va España. Hagas lo que hagas, estudies cuantas carreras quieras, terminaras igualmente en la cola del paro como cualquier otro desgraciado. Son exactamente las 4.00h de la madrugada y sé de milagro, las asignaturas a las que me voy a presentar. No llevo ninguna preparación previa...no me importa, salvo por haberle cascado 9.41€ -gracias a la tarjeta del paro-. Aclaremos que en el momento de echar la inscripción, yo quería hacer la prueba como vía adicional por si la cagaba en los finales, renunciando sin remedio a la selectividad. Y todo el mundo sabe que, tal y como están las cosas, si te presentas en septiembre y apruebas, difícilmente vas a entrar en una carrera con un cupo determinado de plazas, pues se llenan en su totalidad en las anteriores convocatorias. Estaba encabezonada en entrar a la universidad y estudiar veterinaria y no contemplaba otras opciones, pues las consideraba una derrota. Finalmente, senté la cabeza -aunque me hubiera venido bien la presencia de Rafiki como apoyo moral y reflexión filosófica sobre la dirección de mis pasos-. Por suerte, no necesité que me dieran un viaje con un bastón armado con una maracuyá o peor, un coco.

Me encantan los calcetines zarrapastrosos aunque no me gustan que siempre estén agujereados en el dedo gordo del pie, resulta incómodo y según quién los lleve, totalmente antiestético más si encima son malolientes, yo al menos, los lavo y me los pongo limpitos. Puestos a ser sinceros, si busco comodidad absoluta me encanta la ropa vieja, agujereada que tira más para el cajón de los trapos que para el armario, tiene la tela tan sumamente desgastada que una vez que la secas ya no está más tiesa que los propios hilos del tendedero. Detalle que me crispa los nervios. De hecho, siempre me he preguntado qué clase de lavadoras/secadoras y productos utilizaran los de las tiendas de ropa para que estén tan irresistiblemente suaves y en cambio, en cuanto te lo pones una vez y lo metes a la secadora...¡¡puuumm!! tienes que encasquetarlo en el respaldo de una silla para volverlo a ensanchar y con suerte, te lo podrás volver a poner. Y con la polución que hay ni piensas en colgarlo en el tenderete si, luego a luego, tendrás que volver a lavarlo por la peste. Me encantaría vivir a lo Heidi pero con una pequeña modernidad: ordenador y wi-fi.

No hace falta ser muy hábil para saber que mi prenda favorita será entonces el pijama. Adorables los de Primark, aunque en los de Disney se pasan de listos con los precios..¿¡qué pasa, que Disney nunca hace rebajas o qué!? Todavía es la maldita hora que sigo soñando con un peluche de Ígor tamaño real, en verdad, me conformaría con cualquier personaje de Winnie the Pooh a excepción claro de Piglet que siempre me dio mal rollo. No obstante y sin perder la rutina, tiene que haber un inconveniente por cada cosa que me guste y es el que he citado más arriba sobre el defecto de las secadoras de encoger las prendas, estoy hasta por atesorarlos en plan friki coleccionista.

Hace calor, lo cierto es que aquí rara vez hace frío, lo que sí existe y en abundancia es gente friolera. Puntualizar que tengo la ventana abierta y entra un agradable  desagradable tufo a caucho quemado desde hace unas horas. Estaba viendo un capítulo de las Chicas Gilmore (si alguna vez he dicho algo bueno de Jess, lo retiro) cuando me ha alertado el olor cercano, demasiado, de goma quemándose y yo que desde que le prendí fuego al hornillo llevo una paranoia encima en lo referente al fuego, enseguida me he puesto a olisquear la habitación como un sabueso en busca de la procedencia del hedor hasta ir a parar con la cabeza metida entre los cables y la torre del ordenador, dónde se olía más concentrado así que tiesa como la ropa del tendedero he salido disparada a buscar a mi mami que, tras una breve inspección y apagando a mi compañero del alma por si las moscas, llegó a la conclusión de que la pestilencia venía de fuera, osease que esperando que fuera cierto y no existiera la posibilidad de que mi pobre bebé se estuviera chamuscando, me asomé al balcón y voilá!...dos horas después aún sigo respirando tan "fantástico" aroma. No se quién pijo estará dedicándose a quemar contenedores...

Llevo unas semanas con una empanada mental digna de Bob Marley y sin necesidad de chutarme ninguna clase de estupefacientes y he vivido como en la inopia. No me acuerdo de lo que he hecho o he dejado de hacer, he dicho o no dicho, de los disparates que habré soltado o no, ni siquiera recuerdo los sueños, ésto último raya lo anormal en mi persona. Quiero decir, yo soy la que nunca pierde detalle por más insignificante que sea, sí, soy despistada pero observadora aguda y aunque sea incapaz de dedicarme a hacer dos cosas a la vez - vena masculina- estoy en lo que tengo que estar y si el momento lo precisa, con el radar encendido y ni eso. No sé nada de nadie, ni lo que ha ocurrido ni lo que no, nada. Y si me hablan o alguna alma misericordiosa intenta mantener una conversación conmigo, mi mente tarda en procesar lo que me dicen, mostrando la viva imagen de tía que viven en los laureles. Y si a eso le sumamos, que muchas veces llevo unas pintas que cualquiera pensaría que me dedico a fumar porros y escuchar reggae, pues no facilita las cosas, ya de por sí, truncadas.

Soy consciente de que llevo un lío mental algo grande y que no espabilo aunque se me este cayendo el mundo a pedazos, como lo está haciendo. Quebranté mi promesa y lo lamento, precisamente lo acordamos para que ninguno tuviera que sufrir innecesariamente otra vez y voy yo y meto la pata, de nuevo. Sin embargo, en esta ocasión no he sufrido daños sino más bien una buena ración de molestia - ya sabes lo que me revienta que planeen las cosas dos pasos por delante y encima con prisa- mezclado con dosis de confusión y una aversión gratuita hacia el individuo palurdo que me arrebató mis escasos rescoldos de inocencia.
He leído la saga de cincuenta sombras, a mi manera sí y no enteros ni falta que hacía y no me he traumatizado salvo por el hecho, de que odio los dichosos libros, son un ataque a la integridad y respeto a la mujer, son sobradamente machistas y se pueden meter la estúpida mierda ésa de sumisa por dónde menos les quepa y más les joda. Es más, es que sólo oír la primera palabra del título saco la picaza de la caseta.

Relájate.
Anclarse a los recuerdos no es sano. Pero no hay forma de sanar si no solventas los errores que te trajeron a esta situación. El desorden en mi centro de control de acciones -cerebro- es un completo estorbo que sólo trae caos consigo. Nunca me he considerado una persona ordenada si bien me gusta ordenar pero a mi modo y no de forma obsesiva-compulsiva. Así que prefiero proceder al método básico de curación de heridas y para ello, tengo (debo) de buscar la fuente de mi malestar para aclarar lo que una vez se dejó en el aire airadamente inconcluso, meditar y encontrar un punto intermedio para hacerlo más liviano a ambas partes y finalmente, dar por concluida dicha vivencia de forma que el recuerdo sea una hebra más de la memoria sintiendo sólo la paz de haber hecho lo correcto.
Lo que ha ocurrido con el personaje éste sólo me ha dejado las cosas más claras no, cristalinas. Yo quería que fueras tú, siempre fuiste tú. Era un pacto de confianza sumado al amor - me sigue produciendo repelús dicha palabrita-  que sentía por ti lo que hacía que quisiera entregarte mi esencia más pura. No tengo claro si después de todo, no habré saldo ganando al no haber hecho acto de presencia en mi vida.  Lo que si sé certeramente, es que una vez roto, se selló para siempre, nadie más ha vuelto a ocupar tu lugar por más que lo desee. Y lo deseo. Porque quiero avanzar, experimentar, conocer la sensación de sentir , confiar, aprender y querer. Me lo merezco, necesito más color en mi existencia, tanto tono apagado me está consumiendo y yo quiero disfrutar de mi juventud como nunca antes lo había hecho. No quiero olvidarte, porque fuiste una parte de mí pero tampoco quiero sufrirte eternamente.

Quiero dejar de ser invisible, de ser causa de rechazo. Comenzar una nueva etapa, relacionarme a nivel social, ampliar el escaso círculo de amigos, ver mundo, reír y descubrir. Cerrar de un portazo todo el drama de estos últimos años y amanecer con una sonrisa en la cara, lista para comerme el mundo. Y hablando de comida, sí, también me encantaría hacer el grado medio de técnico en repostería, confitería y panadería. Y emprender mi entrada al mundo laboral, fundando mi propio negocio como tienda de golosinas - entre otras cosas- al más puro estilo de las casas de jengibre. Que, por otro lado, es uno de los muchos sueños de toda la vida de mi madre - tener una tienda de chucherías, lo del jengibre lo añado yo- .

Llevo toda una vida creyendo y esperando a mi príncipe azul sólo para darme cuenta de que, en realidad, no existe y que, en verdad, no lo quiero. No busco la mitad de una naranja porque mi otra mitad ya la encontré en Nana. Soy un calcetín espachurrado que busca al que siempre se pierde de camino a la lavadora. Anhelo la persona que sepa ver más allá de la apariencia, que se enamore de mí, de lo que soy realmente, incluyendo mis pequeñas manías y que sobre todo, comprenda mis demonios. Que me ayude a ser una mejor versión de mi misma, que me guíe en lo desconocido que hasta ahora siempre me ha sido vetado, que me transmita tranquilidad, confianza y seguridad. En definitiva, que sepa llegar hasta mí sin necesidad de intentar amoldarme a los convencionalismos de hoy en día ni a sus propios ideales.

A un espíritu indomable no se le pone límites 
pero sí de verdad conoces el camino para llegar
 a su esencia más indómita entonces, fluirás como un elemento más de su alma. 

1 comentario:

  1. Buf... Demasiadas cosas que decir Rosa, demasiadas. Primero, que no sabía lo de tus exámenes. Los de acceso a grado superior (los otros sí) y me doy cuenta de que he pecado de preocuparme mucho por los míos y no haberme interesado por los tuyos más que ocasionalmente u.u lo siento. Egoísta como yo solo.
    Decirte también que me gusta mucho el cambio de actitud que has estado desarrollando desde hace unos meses hasta ahora. Lo que te propones es simplemente maravilloso :) Y haré lo que pueda para ayudarte :3 (aunque en lo referente al chiquillo no haya encontrado más que un callejón sin salida :()
    Sobre la tienda de golosinas... Bueno, el tío de elisabet va a abrir una dentro de poco (o eso tengo entendido) si quieres le digo... vale que no sería propia, pero quizá tenga empleo para ti :?
    Reconoce que con esta entrada te has quedado a gusto, pero me alegro :)
    Y te repito una vez más... adoro cómo escribes (L)

    pd: me dejo cosas por comentar, pero ya sabes donde paro ;)

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