lunes, 5 de agosto de 2013

Maldigo a los de tu calaña, bellaco.

Todavía me cuesta creer que todo esto sea cierto.
Me utilizaste como consuelo sin importarte lo que yo podía llegar a sentir.
Cambian tanto las cosas, no de unas semanas a otras, todo se reduce en días...
No sé si realmente cambiaste o es que, en realidad, eras así y estúpida de mí, no fui capaz de darme cuenta de tu juego. De ser verdad lo segundo, no mereces siquiera que te de la espalda, nada es lo que eres y a la nada te reduces.
Me avergüenzo desde aquel fatídico día. Dime qué perdías conociéndome.
Tanta palabrería barata, de pega, de quita y pon, todo quedo en el aire y hoy ya no estás aquí.
Mentira tras mentira y es la dichosa hora que, aún sigues clavado en mí.
Por mis ovarios que tú sales y por la puerta trasera, además.

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