jueves, 15 de agosto de 2013

Odio estar encadenada a este marchito corazón.



Él, con el paso de los días, era una mierda seca en el camino. Sí, sí...de ésas que se convierten en armas arrojadizas. Tú...tú, eres un chinarro de esos que se te clavan en la chancla y vas medio taconeando mientras andas. Molesto, desquiciante y encima te quedas con la mitad de la chancla en la mano cuando intentas sacar esa diminuta pero persistente y afilada piedrecita. 
¿Sabes cuál es el problema, entonces?
Que eras un canto rodado que me encontré, por casualidad, un día en mitad de mis andares. Y todo el que me llega a conocer, sabe cuánto me encantan dichas piedras. Y hoy, por culpa de mi descarrilada mente, observa en lo que te has convertido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario