lunes, 25 de noviembre de 2013

Hasta lo extraño se vuelve normal.

Extraño no seguir deseando los deseos. Extraño
ver todo aquello que nos concernía como flotando
suelto en el espacio. Y penosa la tarea de estar muerto,
penoso ese recobrarse plenamente, hasta llegar a sentir poco a poco
la huella de la eternidad (...)
Los ángeles - se dice - no saben a menudo si se mueven
entre los vivos o entre los muertos. La eterna corriente
arrastra consigo todas las edades, a través de los dos reinos,
y sobre ambos se extiende, acallándolos, el poderío de su voz.

- R.M. Rilke "De elegías duinesas. I" (1923)

sábado, 9 de noviembre de 2013

Inferno.

I am the way into the city of woe.
I am the way to a forsaken people.
I am the way into a eternal sorrow.
Only those elements time cannot wear made before me,
and beyond time I stand.

Abandon all hope ye who enter here. 

- The Divine Comedy
Dante Alighieri.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Hay historias con un final preestablecido.


¡Qué bueno que el amor crezca a mi alrededor hasta dentro de las macetas!
¿Qué tendrá ese enfermizo sentimiento que vives y mueres constantemente?
¿Por qué esa persona, de pronto, es el centro de tu universo?
Luego los amigos, sí, esas personas cuya existencia cayó en el olvido cuando llegó el Rey de Roma a tu vida, esos mismos son los que después recogen los platos rotos que dejó aquí el amigo. Sin pedirte nada a cambio, bueno miento, sólo una cosa. Sencilla. Y que no debería costarte nada y sin embargo, os parece un  sacrificio demencial por lo que llevo observando a lo largo de los años.

Os prometo que no tenéis que cruzar ninguna brasa con los pies descalzos, subir hasta la cumbre del Teide, perforaros la lengua o correr los 100 metros lisos. Es tan jodidamente lógico que resulta hasta estúpido tener que recordaroslo: "No olvidar a tus amigos cuando te echas novi@". Seguro que lo habréis escuchado en contadas ocasiones, incluso habréis asegurado y jurado al cielo que vosotros jamás haríais una cosa así. Las palabras se las lleva el viento y los hechos nunca dieron la cara.

Soy feliz de verte feliz. Pero no es una felicidad que me llena, más que nada porque mi vida no eres tú. Formas parte de ella pero no gira alrededor tuyo.  Mi vida se sustenta de dos pilares: mi esencia -que yace en un eterno letargo esperando ser despertada- y mi familia - lazos de sangre y fraternales - éste último se corresponde a amistades que considero herman@s y como no podía ser de otra manera, mis peluditos.
Curiosamente, mis pequeñajos de cuatro patas son los únicos que no me han defraudado hasta ahora.
No estáis.
Ya no.
Desde que él entro, yo salí.
Bueno, espera...tuve que salir porque no cabía.

Si bien es cierto que estar como estar han estado. Ahora, el amor (qué asco me da la palabrita, oiga) ha vuelto a llamar a sus puertas y si tú sabes algo de su vida de después, lo celebro.  En realidad, ha sido algo paulatino lo que no quita que yo supiera que iba a ocurrir lo mismo de siempre a pesar de su palabrería. 

¿Me he equivocado? Por desgracia, no.

No acostumbro a rayarle la cabeza a ellos con mis problemas, al menos en persona. Problemas concretos, los más duros, los más sufridos...me los callo en gran parte. Me siento incómoda, vulnerable y siempre tengo la desagradable sensación de que exponiendoselos a ellos, de alguna u otra forma me juzgarán, porque hagas lo que hagas, siempre te juzgan. Hasta el pariente más cercano tiene una opinión acerca tuya. Y no suele encajar con la que tienes de ti mismo. Te ves de una manera y ellos de otra. Tú realidad y la que ellos creen que tienes.
 ¿Pero, en verdad, cuál de ellas es más real?.

viernes, 1 de noviembre de 2013

La otra cara que tú no ves.

Hay ciertas cosas del ayer que uno lleva para toda su vida, grabado en la retina.
Una retahíla de recuerdos sin fondo, de voces, de risas lejanas, de palabras hirientes, clavadas en una herida que no cicatriza con el paso del tiempo.
Tienes razón, desconozco la acción de perdonar, quizás una vez la empleé tantas veces que la agoté. Me hablas del perdón y la honra y sin embargo, son palabras que no entiendo, que no hablo y que, por supuesto, no hago.
Un buen día, me desperté y al reflejarme en el espejo del baño, observé unos ojos que ya no me pertenecían, ya no brillaban con la inocencia de la infancia,  su opacidad indicaba el veneno que fluía en sangre, ya no era quién decía ser, me habían transformado en algo que temía y odiaba al mismo tiempo. Finalmente, el rencor y la ira me habían envenenado...finalmente, se salieron con la suya.

Hundida, rendida, humillada, perdida, impotente, resignada y sola tragaba y tragaba sin cesar, no rechistaba, enmudecía ante los ataques verbales y no tan verbales, no me defendía, no sabía cómo hacerlo salvo repartir ostias como panes y tampoco sabía como dar una torta con la mano abierta ya que jamás había tenido la necesidad de hacerlo ni me habían educado para ese fin, tan solo me ahogaba en lágrimas todas las noches.

Mi vida no era la de una niña normal, no era de color rosa ni era una princesa. No, ya no. En cambio, carecía de color, no era ni gris siquiera. Era la existencia de una cría a la que habían perturbado su naciente personalidad e iba encaminada a ser algo que nadie ni ella misma conocía las consecuencias que, en un futuro, podía traer.  Entre el bullicio atronador de mi interior si algo sacaba en claro es que, por cada día que pasaba, me reconocía menos y sentía más y peor. Yo deseaba ser mala, mala con ganas, de una maldad que los dejara a todos de piedra con la mirada desorbitada y los pelos en punta, pero por más que me esforzaba, lo único que conseguía era ser con más ahínco el objeto de burla y en vez, de disparar con saña a esos energúmenos mal paridos, dañaba a mis seres queridos. Gente que desconocía mi realidad, personas que no entendieron lo que me estaba ocurriendo, familia que le quito hierro al asunto y no supo o quiso ponerse en mi lugar.

Desde entonces, el pasado es un vil recuerdo innombrable. De pesadillas que me acechan en noches de insomnio. Me ves pero mis verdaderas emociones yacen ocultas, lucho sin cesar con el demonio que me atrapa y me desgarra por dentro, aprisionándome, haciéndome esclava de mí misma.  Vivo una guerra continua tanto dentro de mí como fuera, me refugio en lo que me ofrece un respiro, me aferro a la esperanza como un clavo ardiendo, no debo caer, no debo vivir de rodillas con la cabeza baja, debo de mantenerme de pie, erguida y con la mirada en las estrellas, aquellas que jamás me abandonaron.