lunes, 23 de diciembre de 2013

Mefistófeles.


Sí que se le daban bien las armas de fuego. 
Le gustaba la caza, era depredador y jamás consentía ser la presa de nadie, muchos dirían que ésto es una cualidad que a cualquiera le gustaría poseer pero no lo es, en absoluto.
Él ataca, derriba y mata.

Asesina almas dormidas, floreciendo, vivas a medias o despampanantes.
Da lo mismo qué tipo de luz irradies, él tiene que destacar por encima de todos aunque sea arrasando todo lo que le encuentre a su paso.
No le vi venir, no supe apreciar con suficiente rapidez y eficacia los detalles que se escondían detrás de la burda apariencia y para una observadora audaz como soy...más vale que vaya pensando en jubilarme. 
En todo caso, solo le bastó un certero disparo para arrancarme lo único que me mantenía en pie.
Tú.
Tú que proclamas a los cielos algo que no eres, dime ¿para qué fin coleccionar almas ajenas?
Como el cazador que se monta una exposición de cadáveres disecados a modo de trofeos, regocijándose en su arrogancia y falsa osadía. 
Pones todo tu empeño en romper la balanza, inclinarla hacia ti, inventar un ciclo en el que, el mundo gire a tu alrededor como si fueras un nuevo planeta descubierto, uno que no alberga vida sino delirios de grandeza por doquier. 
A tus pies, un revoltijo de almas huérfanas y desmadejadas. 
Dime, ¿qué ganas?
¿Alimentar tu ego hasta que se convierta en tu satélite?
Te crees con demasiados derechos y tienes más leyes que una dictadura.
¿Quién cojones piensas que eres para herir a quien te venga en gana?
De la noche a la mañana, deprecias con una total naturalidad que das pie a pensar que es tu juego favorito, tu campo....y tu vocación.

Hace tiempo, no recuerdo dónde, leí que no había que fiarse ni de nuestra sombra pues Lucifer también fue, en su día, un ángel. 
A mis ojos, eres un vástago más del fuego que te ahoga, te encadena y te consume.
Heredero del mal que habita en cada uno, de las tinieblas que no dejan paso a ningún destello salvo el que brilla en la mirada de quien conoce de dónde y de qué es preso. 

domingo, 22 de diciembre de 2013

¿Conoces el camino de vuelta?

Búscame cuando te hayas ido,
cuando el paso del tiempo tus huellas haya borrado,
cuando la ausencia sea tan palpable que
el solo recuerdo de ella, trae el olvido.
Las pesadillas evocan el nombre de alguien que
la historia ya enterró y relegó a meras leyendas.
Los sueños traen consigo el olor de la esencia más pura,
del firmamento en estado perenne de vigilia
velando por aquellos de alma inquieta y mente castigada. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Sentencia.


Siento el vacío desgarrándome las entrañas, deseando llegar al mismísimo vórtice de mi corazón condenado en cada latir a cadena perpetua, a seguir recibiendo la entrada y salida del veneno que fluye por mi piel a modo de sangre.
Y sangro. Sangro ríos de lágrimas, agua salada que corre de forma continua, sin pausa ahogándome en el silencio que grita a voces, que evoca a tu alma rogándole que la escuches.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Hiriendo por afición.


Llevo unos días que no encuentro palabras para definirlos pero la ira está latente en cada gesto, mirada o teñida en el trasfondo de cada palabra pronunciada con fingida indiferencia.   
Necesito calmarme y sin embargo, no encuentro la serenidad que tanto ansío, busco mil maneras de evadirme y cada vez soy más presa de mí misma. 
Si me mordiera la lengua por accidente, me intoxicaría con mi propio veneno fruto de la agonía candente que yace en mis entrañas. 
Por tu puta culpa y la de una imbécil integral, habéis acabado despertando lo peor de mí, supongo que os podéis sentir orgullosos. Os aplaudo, en serio. Así os va, claro que todo el daño recibido, luego tiene vuelta. La vida es un boomerang, espero que os de de lleno y experimentéis en vuestras carnes el dolor infringido.  

Hoy, me has pisado y humillado. No seré yo la que te devuelva la moneda, es más, mañana yo volveré a estar en pie y tú formarás parte del olvido. Pero eh! en un futuro tú morderás el suelo, eso tenlo claro no, cristalino. Por fortuna, no estaré para mirarte desde arriba con la burla reflejada en los ojos como sí que harías tú, como sé que estás haciendo. Regocijándote en tu pedestal, sintiendo el bienestar que te supone haber hecho lo correcto según tu egocéntrico punto de vista.