viernes, 20 de diciembre de 2013

Sentencia.


Siento el vacío desgarrándome las entrañas, deseando llegar al mismísimo vórtice de mi corazón condenado en cada latir a cadena perpetua, a seguir recibiendo la entrada y salida del veneno que fluye por mi piel a modo de sangre.
Y sangro. Sangro ríos de lágrimas, agua salada que corre de forma continua, sin pausa ahogándome en el silencio que grita a voces, que evoca a tu alma rogándole que la escuches.

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