viernes, 23 de mayo de 2014

Rosa del desierto

Soy el olvido,
soy el miedo
que me paraliza.
Soy la oscuridad
que me envuelve.
Soy el ave en la jaula,
sus alas encadenadas,
sus plumas agrietadas.
Soy el pasado conviviendo con el presente.
Soy tu vergüenza.
Soy el grito que
en el silencio
aúlla a las estrellas
con un dolor que no tiene nombre. 
Soy el paso del tiempo,
soy el reloj de arena,
arenas movedizas que me inmovilizan.
Respiro sal
expulso oxígeno.
Soy la personificación de la desconfianza,
un demonio errante
bailando entre el fuego y el agua, 
fuego que aviva, agua que ahoga.
Soy la destrucción,
el deseo de venganza,
el ardor del odio,
soy prisionera de las pesadillas.
Soy la voz muda,
soy la guardiana de la memoria.
La constelación opaca
sin una historia que contar.
Soy el gris
soñando con ser índigo.
Una lapislázuli con aspecto de piedra polvorienta.
Alma moribunda,
furibunda
se encuentra mi aura.
Soy la lágrima perdida
en tierra de nadie.
Llueve, llueven océanos
nubes negras que
descargan ira reprimida,
en forma de tempestades.
Truenos, los gritos ahogados.
Tornado, mi mundo interior.
Soy la ceniza,
la pieza del puzzle de repuesto,
la vela consumada,
la estatua etrusca que 
se alza perenne
sobre una vida yerma y devastada.
Soy el óxido, lo inflamable
el tóxico que fluye como ónix por mis venas. 
Volátil, impetuosa
la carencia sobre la virtud.
Soy la maldición,
la curación que no existe.
Soy el intento de salvación,
la metamorfosis que jamás tuvo lugar.
Soy la fortaleza derruida,
el cántico sin palabras,
la entonación que nadie escucha.
La flor marchita que muere y resucita sin jardín.
La interrogación,
la duda sin respuesta.
Alguien que es nada.
La opción desestimada,
entre elecciones.
La lección jamás aprendida.
Soy mi camino,
la piedra
y el tropiezo.
Soy el suspiro que
se funde con el viento.
Soy la sombra permanentemente en vigilia.
La maldad,
soy la voluntad quebrada.
El sollozo que no dio la cara,
el problema
sin solución.
Tu yo menos anhelado.
Estoy hecha de retazos de recuerdos y soledad,
de miradas de desprecio
de decepción
y de lástima.
Me acompaña un fantasma
tan posesivo como traicionero.
No obstante, yo prefiero la compañía que
me brinda la luna
donde su luz mortecina
se cuela por la ventana
velando mis noches.
Única blancura que empaña esta negrura.
Inyecciones de veneno es mi sangre,
decadencia que corre a través de esto
que los mortales llaman cuerpo.
Corteza que tan sólo daña,
no moldeable como si fuera arcilla,
captura prejuicios y apariencias. 

Si la mente es mi prisión,
el cuerpo es mi castigo.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Quiero vivir en un bosque.

Lo más parecido que hay por los alrededores a los aullidos de los lobos, son la algarabía de los gallos que, si tuviéramos que depender de ellos para levantarnos todas las mañanas, sufriríamos un trastorno de sueño grave. 

viernes, 16 de mayo de 2014

Pinceladas de infancia.


¿Sabéis?
De esto que estáis buscando una cosa no con urgencia pero sí que la necesitas para hacer algo en ese momento y sabes dónde está pero cuando vas a echarle mano, resulta que no está. It's typical.
Pues abriendo tooooodos los archivos del WORD habidos y por haber desde hace mil años en mi carpeta, te encuentras joyitas como ésta:

"Verás, yo era una niña inocente, muy inocente. Tanto que, pecaba de tonta y se aprovechaban de mí. Era cariñosa aunque no me gustaba darle besos a los varones de mi familia, me deshacía en muestras de cariño con los míos...incluso, una vez, llegué a regalarle a mi madre una ortiga con bicho incluido. Juguetona, me encantaban los juguetes y me inventaba mil historias dónde a menudo participaba mi hermano mediano o mis primos. Era una bruta, sí, la verdad es que carecía de delicadeza. Por supuesto, adoraba comer, mi predilección eran los dulces en especial, las golosinas...y la bollería industrial. Era de aspecto redondico pero NO estaba gorda, por lo menos, no era un saco de huesos al que estornudaras y lo volaras mandándolo al pueblo de al lado. De hecho, siempre estaba corriendo de aquí para allá, haciendo trastadas mayoritariamente. Desde bien enana ya tenía mal genio, no me gustaba que me dieran órdenes o me riñeran. Odiaba que me gritasen y a menudo lloraba y me escondía tapándome los oídos. Mis padres me trataban como si fuera una muñeca de porcelana y eran demasiado protectores, para mi gusto. Aunque siempre me resguardaba en mi mami, para todo. Poseía la misma sensibilidad y aprecio por los animales que tengo ahora, por eso cada perrito que veía en la calle me paraba a acariciarlo, a los gatos no me podía acercar ni de lejos, de la tremenda alergia que sufría. Adoraba los caballos pero les tenía miedo, también era una chiquilla muy insegura y lloraba cuando mi abuela mataba un conejo de una viaje en la cabeza. No era cobarde pero esa poca o ninguna confianza que tenía en mí, me hacía retractarme de todo y esconderme a la primera oportunidad. Primordial en mi personalidad, la timidez...no te puedes imaginar lo tímida que era hasta el punto de ocultarme detrás de mi madre cuando alguien a quien no conocía mucho me hablaba y si me atrevía a abrir la boca, me salía voz de pito. Esa manera de hablar perduró hasta bien entrada la adolescencia y a día de hoy, todavía la conservo. Aún poseo una voz aguda, no es que quiera parecerme a un camionero pero observas mi estatura y mi apariencia y lo último que se te pasa por la cabeza, es escucharme así. También me ha traído innumerables problemas, si es lo que te digo, que no me libro de nada desagradable. Retomando mi niñez, era un pelín avariciosa pero por la cosa de haberse criado con dos hermanos mayores aunque, por supuesto, yo era la más consentida.
¿Una peculiaridad? Era caprichosa sí, pero lo que yo quería era tener todo lo que me gustaba para tener más amigos y así poder compartirlo. Nunca me atrajeron las muñecas, vamos los bebés. De hecho, me encabronaba cuando me regalaban algo de ese estilo porque lo último que quería era ejercer de madre, dándole el "bibe" a un muñeco con aspecto inquietante que después, por la noche, se tornaba diabólico. Le tenía (tengo) pavor a los payasos y sin embargo, tenía decorada mi habitación con ellos. Muy miedosa pero bien que me encantaban los lugares abandonados aunque me dedicara a admirarlos desde fuera. Torpe. En grado sumo, no aprendí a montar en bicicleta sin ruedines hasta los 8 años. "

Deduzco que está sin terminar. Puntualizar que ni exagero ni miento, era así de verdad xD.
Por cierto, todavía no he encontrado lo que estaba y estoy buscando.
Ahora que, ¡vaya trasto de cría! :)

domingo, 11 de mayo de 2014

Seahorse.

Días en los que la definición de hermano pierde sentido, se te traba la lengua al pronunciarla y por más que la pienses, te sigue sonando extraña, desconocida.
La familia...la familia es un tatuaje, la primera marca que tenemos al nacer.
No te equivoques, no somos ganado, en cambio estamos ligados de por vida a unos individuos que, a lo largo de los años, se convertirán en parte de ti.
Hilos invisibles con la resistencia del acero y en contables ocasiones, eso es justo lo que sentirás, que realmente estás encadenado contra tu voluntad al igual que dichos lazos pueden corromperse e incluso desaparecer. Y aún así, seguirás marcado, permanecerán vivos en la memoria aunque la persona que hoy te cruzas de forma casual por la calle te cause indiferencia, tu mente registra una retahíla de recuerdos fugaces, ahora perdidos en un pasado, en otra etapa de tantas.
Cuando era una cría, no podía imaginarme una vida sin los dos cabrones de mis hermanos, dicho sea de paso, el término cabrón en este caso, no es un insulto, tenemos más similitudes con la especie caprina de lo que jamás admitiríamos.
No obstante, la vida en sí es una batalla constante, eterna, admite tantas derrotas como victorias pero jamás tiene un fin, ni siquiera una tregua.
A día de hoy, aprendes a vivir con ausencias y presencias que provocan soledad. Ausentes que están más presentes que muchas presencias que solo traen un amargo hedor a falsedad e interés.
Como persona, para mí no existe el perdón y casi dándome un poco de vergüenza, el dar sin recibir. Es así. No me refiero a cuestiones materiales, estoy hablando de que una relación, sea de la naturaleza que sea, se basa en una serie de pilares y uno se cansa de estar siempre dando y siempre recibiendo piedras. Porque la nada en sí, son realmente piedras que poco a poco, te debilitan y te hunden. Yo, te doy la mano hoy pero si el día de mañana te necesito, no me vale que me des la espalda porque automáticamente cuando vuelvas, te encontrarás con un agradable dedo corazón dándote la bienvenida.
¿Sabes? Es curioso pero, cuando naces tienes una familia y conforme vas luchando, aumenta o disminuye considerablemente el número de miembros, así cuando mueres abandonas una familia salida de cien mil rincones distintos del mundo y te reencuentras con los que perdiste en el camino.
Hoy, tengo amigos que considero hermanos y hermanos que considero conocidos.
Y sin embargo, hace 23 años que el tatuaje se mantiene imperturbable bajo la tempestad. Y así seguirá hasta que mis cenizas retornen a la majestuosidad del firmamento.