domingo, 11 de mayo de 2014

Seahorse.

Días en los que la definición de hermano pierde sentido, se te traba la lengua al pronunciarla y por más que la pienses, te sigue sonando extraña, desconocida.
La familia...la familia es un tatuaje, la primera marca que tenemos al nacer.
No te equivoques, no somos ganado, en cambio estamos ligados de por vida a unos individuos que, a lo largo de los años, se convertirán en parte de ti.
Hilos invisibles con la resistencia del acero y en contables ocasiones, eso es justo lo que sentirás, que realmente estás encadenado contra tu voluntad al igual que dichos lazos pueden corromperse e incluso desaparecer. Y aún así, seguirás marcado, permanecerán vivos en la memoria aunque la persona que hoy te cruzas de forma casual por la calle te cause indiferencia, tu mente registra una retahíla de recuerdos fugaces, ahora perdidos en un pasado, en otra etapa de tantas.
Cuando era una cría, no podía imaginarme una vida sin los dos cabrones de mis hermanos, dicho sea de paso, el término cabrón en este caso, no es un insulto, tenemos más similitudes con la especie caprina de lo que jamás admitiríamos.
No obstante, la vida en sí es una batalla constante, eterna, admite tantas derrotas como victorias pero jamás tiene un fin, ni siquiera una tregua.
A día de hoy, aprendes a vivir con ausencias y presencias que provocan soledad. Ausentes que están más presentes que muchas presencias que solo traen un amargo hedor a falsedad e interés.
Como persona, para mí no existe el perdón y casi dándome un poco de vergüenza, el dar sin recibir. Es así. No me refiero a cuestiones materiales, estoy hablando de que una relación, sea de la naturaleza que sea, se basa en una serie de pilares y uno se cansa de estar siempre dando y siempre recibiendo piedras. Porque la nada en sí, son realmente piedras que poco a poco, te debilitan y te hunden. Yo, te doy la mano hoy pero si el día de mañana te necesito, no me vale que me des la espalda porque automáticamente cuando vuelvas, te encontrarás con un agradable dedo corazón dándote la bienvenida.
¿Sabes? Es curioso pero, cuando naces tienes una familia y conforme vas luchando, aumenta o disminuye considerablemente el número de miembros, así cuando mueres abandonas una familia salida de cien mil rincones distintos del mundo y te reencuentras con los que perdiste en el camino.
Hoy, tengo amigos que considero hermanos y hermanos que considero conocidos.
Y sin embargo, hace 23 años que el tatuaje se mantiene imperturbable bajo la tempestad. Y así seguirá hasta que mis cenizas retornen a la majestuosidad del firmamento.

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