domingo, 17 de agosto de 2014

Crónicas de un adiós: Las astillas de la incertidumbre.

¿Cómo ser fuerte cuando te estás cayendo a pedazos por dentro?
¿Cómo aguantar de pie, impasible, cuando ya estás suplicando de rodillas?
Siento que tengo la consistencia de un castillo de arena, esperando que llegue esa condenada ola y arrase conmigo sin dejar rastro del asedio.
Baños de lágrimas silenciosas inundan ésta noche mi rostro, presa de una tristeza que soy incapaz de digerir, de un dolor que no tiene nombre.
No puedo vivir sin ella, no quiero vivir ni un día si no siento sus pelufos en mi pecho.
Mas solo cabe esperar, seguir anclada en el suelo a modo de reverencia,
susurrando, evocando, rogando a gritos en mi mente que no os la llevéis de mi lado.
Sin su luz sólo soy sombra,
errante y moribunda.
Ella me mantiene viva, me recuerda quién soy, ella es la que impulsa a este decrépito órgano a seguir latiendo.
Ella es vida. Mi vida.

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