domingo, 24 de agosto de 2014

Crónicas de un adiós: Implorando en carne viva.


Siento las entrañas comprimiéndose,
el ahogo de los sentimientos reprimidos,
el grito a punto de estallar con la fuerza de una explosión.
Las palabras mudas que se atascan y atragantan en la garganta.
Hoy llueve y mañana, también. 
Hoy reúno toda mi energía, toda mi luz para iluminar la oscuridad que amenaza con devorarme.
Esta noche resplandezco cual estrella, cual carámbano resquebrajado al filo del crack.
Sumida en un estupor se encuentra mi mente, una neblina que retiene los pensamientos, vapor que recubre los recuerdos.
Noto una espiral ascendiendo desde el estómago hasta la tráquea, ahí dónde se enreda una cuerda rugosa al tacto que me asfixia impidiendo el paso del oxígeno, una emoción tan conocida como temida va tomando forma de mangual que, pronto, asestara el primer golpe certero.
Recurro a la tempestad que ruge en mi alma para resistir el fin de un ciclo, de una vida, de una parte de mí.
Evoco a mi ángel para que vele por ella, la cuide y no la abandone.
Siéntete acompañada, princesa, por una presencia que siempre te guardará en su corazón, latiendo en su memoria.
Avísame cuando estés lista para partir pues te acompañaré hasta el portal donde tu nuevo hogar y mi mundo se separan,
recogeré el calor de tu pequeño y aquejado cuerpo para que se expanda por todo mi ser,
para que seas el fuego que avive mis pulmones,
para que el dolor de tu ausencia no me derribe,
para que seas mi motivación a seguir luchando.
Cuando el firmamento irradie y toque mi ventana, allí estaré prendiendo una vela.
Y si los dioses te conceden una prórroga, aunque sea sólo para que puedas descansar en tu hogar con tu familia, despidiéndote rodeada de amor, allí permaneceré en vigilia custodiando tu sueño.
Porque eres parte íntegra de lo que hoy soy.
Porque eres mi Xuxie.
Porque sé que siempre vivirás en nuestra memoria.
Resiste, preciosa. 

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