domingo, 28 de septiembre de 2014

Gigantes disfrazados de molinos de viento.

"Quienquiera que seas que frente al temible lago estás mirando, si es que has venido a alcanzar el bien que, hundido bajo estas negras aguas se haya, muéstranos sin más tu fuerte pecho y arrójate, en su negro líquido, mójate una vez y otra, hasta que tu vida encuentre algo. Si así no lo haces, no serás digno de ver el hermoso signo que llevas dentro de ti."

- Capítulo 50. Don Quijote de La Mancha. Miguel de Cervantes.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Galopando hacia el ocaso.

A veces, simplemente es demasiado tarde.
Un buen día, el peso de la realidad te cae encima con la fuerza de trescientos mil bloques de hormigón.
Caes en la cuenta de las circunstancias de la vida que, inevitablemente, le acaban cambiando a uno.
El brazo que antes te sujetaba como una cuerda de amarre que mantenía el navío en puerto seguro, es ahora kilómetros, tan lejanos están que ya no se vislumbran uno al otro.
A veces, simplemente uno toma otros mares, otros vientos y otro rumbo.
Después de todo, la vida es una encrucijada de caminos enrevesados y ni los lazos de sangre pueden impedir el óxido del tiempo.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Desde que te marchaste, no vivo, sólo respiro.


Me haces tanta falta, princesa.
Te echo tantísimo de menos que todas las noches sigo llorando al cielo,
mi habitación está llena de soledad, de una ausencia de vida que soy incapaz de restaurar.
Simplemente, no sé cómo volver a vivir, comenzar un nuevo ciclo sin mi pilar más esencial.
Un espíritu con un corazón puro que latía insuflándole vida a un alma cuya oscuridad se ceñía a su piel, llenando de vivacidad una estancia, convirtiéndola en su refugio.
Ahora sólo se escucha un órgano latiendo al compás de la tristeza que empaña cada poro de éste ser marchito, oculto entre las sombras, desviando la mirada del brillo de los astros reinantes.
Ni siquiera la continua charlatanería particular de Rubi consigue traer algún aliento de alegría, tan sólo es ruido...un kakariki traído como un regalo de consolación con las mejores intenciones, cuya única finalidad es hacerme compañía teniendo a alguien a quien brindarle mis cuidados.
Pero, ¿a quién quiero engañar? sólo es un pájaro escandaloso al que le trastorno el sueño amoldándolo a mis horarios noctámbulos. Un bicho con plumas que no me hace ni puñetero caso, que poco dispuesto está a apreciarte y que sólo le interesas para echarle de comer y limpiarle la jaula.

Lejos queda la rutina de un cuenco de cereales repelado, unos bigotillos manchados de cola cao, una maraña de pelos nuestros debajo de la cama, la terraza ahora desierta que no quiero ni barrer, un erizo verde que no pita y una pelota rosa con huellitas de colores descolorida por el sol en una esquina de la otra terraza donde acostumbrabas a montar tus escandaleras, un cojín en forma de flor ennegrecido...y un invierno desolador, donde las mantas no crearán un nido con la forma de tu pequeño cuerpo redondito, un body y un chaleco almacenados en tu cajita, una que no se volverá a abrir para buscar el trocoxil cuando te diera tus cojera de viejita o las toallitas húmedas para limpiarte el culete cuando se te quedaban los pelufos pegados.
Me consume la frialdad de un dolor que atenaza día tras día, al no tenerte, no sentirte, no abrazarte contigo ocupando gran parte de la almohada a la mañana siguiente.
Podría escribir miles de páginas contando tus hazañas, tu reinado en nuestro hogar. Podría y te recordaré eternamente.
Sin embargo, sólo deseo despertar de ésta condenada pesadilla, asomarme por el borde del colchón y descubrir que sigues durmiendo, roncando suavemente en la esquina de la cama, enfrente de la puerta del balcón donde podía darte el fresco de la noche y la luz del sol por las mañana.
Deseo lo imposible.


jueves, 11 de septiembre de 2014

La niña de ojos tristes [Fragmento]

- Vamos, pequeña, arriba...
Sacúdete el polvo de los pantalones, los llevas manchados de tierra.
Mírame, vamos, alza los ojos, no te voy a hacer daño.
* ¿Sabes quién soy?, ¿quién eres?
- Dímelo tú.
* ¿Qué te trae por aquí?
- Quería verte, llevarte conmigo, ¿no crees que llevamos demasiado tiempo separadas?

Un encapotado cielo anuncia la llegada de la mañana. La escarcha de la noche anterior se refleja en las macetas y en la superficie de los barrotes de los columpios, el tobogán parece un trampolín letal.
Una fina llovizna hace acto de presencia.
En medio de una pista de tenis con el suelo desconchado, yace una niña de cabellos rizados con un pasador de Minnie Mouse, haciendo ¿castillos de arena? mientras dibuja tortugas y cangrejos adornándolos con conchas y pequeñas piedras.
Ella es el otoño, la caída de las hojas de los árboles es su abrigo y camuflaje. Es una flor nacida en el invierno - uno cálido, propio del sur- pero su corazón pertenece al norte. 
En la soledad de la multitud se curte, forjaba su carácter cuando las malas lenguas lo fundieron con el abrasador odio que, en tan temprana edad, surgía. 
Dime niña de mirada inocente, ¿qué te han hecho?
Los fraudes encargados de tu educación para valerte en un futuro juran en nombre de dios, el mismo que te es desconocido, no sientes como una deidad y por el mal versan sus enseñanzas. 
¿Quién es ese dios al que tanto alaban?
¿Por qué cuando los niños se portan mal con otros, esos hipócritas por un lado los defienden y por otro, les recriminan que dicho dios sólo premia a los que se portan bien y son buenos, si no lo eres, irás al infierno?
* ¿Qué es el infierno?
- El lugar donde va la gente mala. Se encuentra debajo de la tierra que pisamos y lo gobierna un ser malvado, nuestro "Señor" lo llama Lúcifer.
* ¿Quién es Lúcifer?
- Un demonio.
* ¿Un qué?
- Es un ángel que traicionó a nuestro "Padre", dueño del Mal que puebla nuestro mundo.
* ¿Tengo que temerle?
- Sí.
* ¿Y por qué a "Nuestro Señor Jesucristo" no?, ¿qué prueba su existencia y quién dice que es bueno?
- No digas tonterías, niña, "Él" existe y como legado, tenemos la sagrada "Biblia". 

[Por el momento, éste es un fragmento de lo que será las crónicas de unos años de mi vida que quiero dejar atrás no sin antes dejar plasmado lo que viví entre las paredes de ese colegio. Se trata de la visión de una niña a la que intentan inculcarle la enseñanza cristiana cuando aún no tiene ni la menor idea de lo qué es una religión. Es realmente difícil abrir la puerta a tanto dolor, no obstante, seguiré trabajando en ello, tengo que pulirlo y sobre todo, debo dejar ir todo el daño recibido para dejar hueco a lo venidero y enriquecedor.]

lunes, 8 de septiembre de 2014

Crónicas de un adiós: Ella huele a lluvia, el canto valiente en la tormenta.

Ni los 34º diarios consiguen alejar el frío que se aloja en mí desde que te marchaste,
dame alas para poder verte una vez más,
visítame en sueños para abrazarte y sentir la paz que necesito para
seguir adelante. 
Tu recuerdo sigue nublando mi visión, encogiendo mi corazón,
extrañándote como nunca.
Observo el firmamento buscando tu rastro para no desvanecerme. 
Nómada que susurra al astro reinante, las tristezas que destilan los añicos
de su alma desvencijada, ceniza que retornará al hogar donde se forjó. 
Loba que aúlla con la fuerza de la tempestad, gritando tu nombre,
evocando tu presencia para que jamás la abandones. 


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Crónicas de un adiós: La realidad sigue golpeando con una fuerza devastadora.



Déjeme decirle a usted que, a fecha de hoy, los días se dividen en el "antes" y el "después".
El verano ha pasado como una exhalación, efímero pero con un final inesperado y desolador.
Los primeros días después de su partida fueron abismales.
En mí, residía un estado de shock permanente, mi cabeza aún reproducía los sonidos de lo que era mi día a día.
Ahora que rememoro entiendo por qué me mantuve a flote y es que, tras el momento de rotura de mi alma como si fuera un jarrón chino, aún era algo surrealista, reciente y demasiado difícil de asimilar así como de encajar el golpe sin perder pie y morder el suelo.
Su cama mullida y llena de pelitos, abrazada a ella me pasaba las noches, las horas, bañándola en regueros de lágrimas que seguían su camino y nunca cesaban.
Mi estado de ánimo era extremadamente volátil, mi inestabilidad volaba de la mano de un carrito en una montaña rusa. Lo mismo sentía tanta ira reprimida que podía perfectamente ponerme a romper sillas con la cabeza, arañar la pared, arrojar objetos, desmontar el mobiliario a golpes, gritar hasta desgarrarme las cuerdas vocales, arrancarme el cabello a tiras y convertir mi habitación en un vórtice de emociones descontroladas, girando alrededor de un dolor que oprimía desde dentro y asfixiaba, nublaba y explotaba por fuera.
Así mismo, intentaba convencerme de que, en verdad, mi princesa estaba en la terraza tomando el fresco o que yo misma me había ido, de nuevo, a la playa y cuando regresara me iba a estar esperando. No funcionó.
Era presencia arrebatadora y ausencia arrolladora. A la misma vez, era ruido, suaves sonidos que mi mente procesaba y la señalaban a ella, un automatismo supongo. ¡¡Dime si tras 15 años de convivencia uno se va a poner a pensar de dónde puede provenir ese 'frus frus' porque puedo empezar a enumerar lo qué podía estar haciendo en cada momento!!
En ocasiones, me siento acompañada, aunque quizás sean alucinaciones, inventos mentales para sobrellevar la soledad que me embarga cada mañana al ver su cojín intacto, tener un 'buenos días' en la punta de la lengua sólo para caer en la cuenta de que no hay nadie para el achuchón matutino con el besito en los pelufos del cogote.
Tampoco la necesidad de levantar la persiana sea la hora que fuera porque está olfateando sentada en la puerta, preparada para dar su saltito a la terraza y hacer sus necesidades. Saber que es hora de limpiar por el considerable aumento de moscardones y el tufo a pipí rancio. Y mientras estás con la manguera, ella sopando o acostada encima de un cojín tomando el sol o si no esperando que la rocíe con el agua para refrescarla. Ir a ducharte y descubrir que está durmiendo encima de la alfombra o al lado de la puerta. Resbalarte, de vez en cuando, por el agua que va desperdigando por todo el suelo al tener los bigotes calados de haber metido el morro de lleno en su cacharrito de helados Jijona. Tener que sentarte con ella y darle el pienso en mano para que no lo engullera o si no mantener charlas para convencerla de que no estaba tan malo como pensaba.

Limpiarle el culito con toallitas porque se le quedaba la caca enredada en los pelillos. Armarte de paciencia con tijeras en mano para hacerle un corte de pelo chic cuando llegaba el calor asfixiante y no había money para la peluquería. Oírla montar una escandalera porque odiaba quedarse en la terraza de mami y sólo se la oía a ella cuando ibas por la mitad del carril. Abrir la puerta y verla llegar trotando moviendo el rabito deseosa de apoltronarse en mi cuarto...recordar con sus buenos 92 años humanos cómo bajaba la escalera sin que ninguno nos hubiéramos percatado hasta que aparecía por la cocina más fresca que una rosa, eso si no se quedaba atascada y oíamos un tímido gemido que nos alertaba que la sinvergüenza se había escapado y lanzado a la aventura. ¡¡Cuántas veces dormimos juntas, acaparando mi almohada, mi sitio, incluso la manta y amanecer enredada sólo con el edredón y la tía roncando a mi lado!! Cuan reconfortante era sentir su paz en el costado, ser mi consuelo, los paseos en los que terminaba en mis brazos porque no quería (o podía) andar más, lo loca que se volvía con sus chuches y los trocitos tan chiquitines que había que darle porque si en algo destacaba era en no masticar, el olor a perro mojado cada vez que le tocaba baño y la relajación en la que se sumía con el secador, solía apoyar a mami por las noches antes de irse a dormir, lamiendo sus pies o utilizando las zapatillas de cojín, haciéndole saber que notaba su angustia pero estaba ella para consolarla. Adoraba el sofá y tenía la costumbre de hacerse un nido entre los cojines, cuando llegaba papi de trabajar, se ponían los dos a ver la tele...no había quien se acercara a riesgo de quedarse manco, por no hablar de la cena y su jamón york, debía ser su momento preferido del día y el más sagrado...si tenía que taladrarte los oídos para conseguir que se le prestase atención...lo hacía. Y miles de cosas más. 
Son costumbres. Es habituarse a vivir con un miembro más de la familia que, luego a luego, convives más con él que con tus propios padres ni que decir si tus hermanos están independizados. 
Es una rutina que ejerces a lo largo de los años, un hábito que te alegra los días, te insufla valor para afrontar los retos que te depararán en cada despertar. 
Grabada a fuego y en un futuro cercano, en tinta, llevo su mirada dulce y fresca...porque era una sinvergüenza que siempre se salía con la suya pero era...y es mi ángel guardián.



Es tristeza diaria, 
un buenas noches susurrado a un firmamento infinito,
un recuerdo constante,
lágrimas fugitivas al son de una brisa que ya no baila conmigo.
Es la visión de una tumba con flores y piedras bonitas rodeada de otros ángeles que marcharon antes.
Es nostalgia,
suspiros que escapan observando atardeceres o estrellas solitarias.
Fotos, vídeos que la mantienen viva, testigos de los sollozos que imperan mi desconsuelo.
Sobrevivo con un vacío que nunca se rellenará, un espacio para el que no existe sustitución porque cada peludito que entra en nuestra existencia deja su lugar y al marcharse, ahí se queda tal cual lo dejó.
Ella se mudó a mi corazón, vive en mí, es eterna como la huella que plasmó en cada uno de nosotros. 
Ella late, respira...invisible a los ojos que no han conocido la muerte de primera mano. 
Mi motivación para seguir luchando por salir adelante. 
Ella es la única dueña del amor más grande y puro que he conocido jamás.




Es mi guía.