viernes, 19 de septiembre de 2014

Galopando hacia el ocaso.

A veces, simplemente es demasiado tarde.
Un buen día, el peso de la realidad te cae encima con la fuerza de trescientos mil bloques de hormigón.
Caes en la cuenta de las circunstancias de la vida que, inevitablemente, le acaban cambiando a uno.
El brazo que antes te sujetaba como una cuerda de amarre que mantenía el navío en puerto seguro, es ahora kilómetros, tan lejanos están que ya no se vislumbran uno al otro.
A veces, simplemente uno toma otros mares, otros vientos y otro rumbo.
Después de todo, la vida es una encrucijada de caminos enrevesados y ni los lazos de sangre pueden impedir el óxido del tiempo.


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