jueves, 30 de octubre de 2014

Príncipe de la oscuridad.


Se terminó.
El silencio le engulló, la agonía le atrapó.
Ya no existe vela ni llama que alumbre las sombras, tan sólo queda un retazo petrificado de cera que, una vez, ardió con intensidad.
Él se estaba despertando de su letargo, ella nunca estuvo más cerca del abismo, el filo de la navaja afilado como un arpón acecha pacientemente oliendo que su momento de gloria va tomando forma.
Las palabras se desintegran antes de tomar forma, el dolor se expande, la desesperación toma el relevo.
La moneda forzada a cambiar a cruz.
La balanza, descompensada, quiebra partiéndose en dos.
Inclínate ante lo que siempre has sido y te has esforzado tanto en ocultar.
En vano.
El miedo se impregna a tu piel, la tensión paraliza y tensa tus músculos, estás luchando contracorriente demasiado tiempo y se te está yendo de las manos.
La caja de Pandora se está abriendo.
Doblégate.


Déjalo ir

martes, 14 de octubre de 2014

"Cuando el sol salga por el oeste y se ponga por el este. Entonces, regresarás a mí, mi sol y estrellas" GoT.

Mañanas en las que despierto en el ayer,
silencios tan atronadores como enervantes,
rugidos iracundos clamando a media voz otra realidad.
Amaneceres a los que ya no les doy la bienvenida,
dándoles la espalda como respuesta.
Cacareos en el alba que me esfuerzo por ignorar,
cera que se derrama sobre los añicos de lo que una vez 
fue un diamante en bruto,
rayos de luz cotillas que se cuelan a través de las rendijas de la persiana
formando conjuntos de líneas discontinuas, llenando la habitación de una penumbra
cada vez más destellante.
El sabor, la textura, el olor de los días pasados,
escarcha que recubre este ser,
invierno eterno que desencadenó una helada
en un interior tan derruido como inexistente.
El tiempo, la muerte camuflada en días de calendario,
ese tic tac que no alcanzo ni a oír.
Un reflejo casi translúcido de ojos turbios
me devuelve la mirada en un espejo cuyo cristal 
aún permanece empañado.
Como un día prometí, sigo en alza
consciente de la tierra en la que me sostengo.
Inconsciencia fruto de la opresión que amenaza
con torturarme en momentos inestables.
Guerrera en constante vigilia,
deseosa no de ocupar su lugar en el mundo, 
sino de podar el mortífero rosal enmarañado que recubre su alma. 


¿Recuerdas aquellos atardeceres donde tu compañía me sacaba una sonrisa renovándome las fuerzas fallidas?
Siguen presentes, ellos, tú y yo.
Tú con ellos y yo inmortalizando el momento.
Una sucesión de crepúsculos que siempre llevaré conmigo.

martes, 7 de octubre de 2014

Lo último que se pierde.

"La Esperanza es la única diosa que habita entre humanos, las demás se marcharon,
dejándola atrás, al Olimpo.
Se fue la Confianza, gran diosa, se fue de los hombres la Cordura, y las Gracias, 
amigo, dejaron la Tierra. Ya no hay juramentos de fiar entre humanos ni justos, ni 
nadie demuestra respeto a los dioses eternos; se ha extinguido el linaje de los 
hombres piadosos; ahora ni normas legales conoces ni aún la Piedad.
Mas en tanto uno vive y ve el brillo del sol,
conserve piadoso su fe en la divina Esperanza,
rece a los dioses y, al ofrecerles los grasientos muslos, en sus sacrificios invoque, al 
comienzo y al fin, la Esperanza.
Guárdese siempre del torvo discurso de hombres injustos que, sin recelo ninguno del 
ser de los dioses eternos, de continuo a los bienes ajenos su vista dirigen, y 
establecen infames apaños con ruines propósitos." 

- Teognis de Mégara. - 


sábado, 4 de octubre de 2014

"Sólo pequeños momentos de lucidez míos, hasta que me pierda en la locura que envuelve mi retorcida mente." Orfeo de Lyra.


Desear escribir un sinfín de historias,
necesitar soltar ésta opresión utilizando el lenguaje de las palabras no pronunciadas.
Sentir cada célula del cuerpo en tensión como si de un momento a otro me fuera a astillar,
mi mente se remueve inquiera, angustiada, sumida en un tornado de pensamientos a los que no puede dar salida ni a muchos de ellos, un portazo en las narices.
Como el oxígeno que bombea el corazón, mis dedos reclaman la imperiosa voluntad de sustraer el dióxido de carbono y tallarlo en lo que viene a ser las crónicas de mi existencia, hasta ahora, malograda.
Sin embargo, una cadena de hierro candente encierra mi garganta, bloqueando el sonido, evitando que expulse las flamas que arden como si invitaran a Hades a desatarse en mí.
Tan sólo deseo darle rienda a mi fluir pero el silencio trae el eco de un fantasma que, espero, no vuelva a resurgir jamás.