martes, 14 de octubre de 2014

"Cuando el sol salga por el oeste y se ponga por el este. Entonces, regresarás a mí, mi sol y estrellas" GoT.

Mañanas en las que despierto en el ayer,
silencios tan atronadores como enervantes,
rugidos iracundos clamando a media voz otra realidad.
Amaneceres a los que ya no les doy la bienvenida,
dándoles la espalda como respuesta.
Cacareos en el alba que me esfuerzo por ignorar,
cera que se derrama sobre los añicos de lo que una vez 
fue un diamante en bruto,
rayos de luz cotillas que se cuelan a través de las rendijas de la persiana
formando conjuntos de líneas discontinuas, llenando la habitación de una penumbra
cada vez más destellante.
El sabor, la textura, el olor de los días pasados,
escarcha que recubre este ser,
invierno eterno que desencadenó una helada
en un interior tan derruido como inexistente.
El tiempo, la muerte camuflada en días de calendario,
ese tic tac que no alcanzo ni a oír.
Un reflejo casi translúcido de ojos turbios
me devuelve la mirada en un espejo cuyo cristal 
aún permanece empañado.
Como un día prometí, sigo en alza
consciente de la tierra en la que me sostengo.
Inconsciencia fruto de la opresión que amenaza
con torturarme en momentos inestables.
Guerrera en constante vigilia,
deseosa no de ocupar su lugar en el mundo, 
sino de podar el mortífero rosal enmarañado que recubre su alma. 


¿Recuerdas aquellos atardeceres donde tu compañía me sacaba una sonrisa renovándome las fuerzas fallidas?
Siguen presentes, ellos, tú y yo.
Tú con ellos y yo inmortalizando el momento.
Una sucesión de crepúsculos que siempre llevaré conmigo.

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