sábado, 4 de octubre de 2014

"Sólo pequeños momentos de lucidez míos, hasta que me pierda en la locura que envuelve mi retorcida mente." Orfeo de Lyra.


Desear escribir un sinfín de historias,
necesitar soltar ésta opresión utilizando el lenguaje de las palabras no pronunciadas.
Sentir cada célula del cuerpo en tensión como si de un momento a otro me fuera a astillar,
mi mente se remueve inquiera, angustiada, sumida en un tornado de pensamientos a los que no puede dar salida ni a muchos de ellos, un portazo en las narices.
Como el oxígeno que bombea el corazón, mis dedos reclaman la imperiosa voluntad de sustraer el dióxido de carbono y tallarlo en lo que viene a ser las crónicas de mi existencia, hasta ahora, malograda.
Sin embargo, una cadena de hierro candente encierra mi garganta, bloqueando el sonido, evitando que expulse las flamas que arden como si invitaran a Hades a desatarse en mí.
Tan sólo deseo darle rienda a mi fluir pero el silencio trae el eco de un fantasma que, espero, no vuelva a resurgir jamás.

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