jueves, 25 de diciembre de 2014

Crónicas de un adiós: Un duelo que no admite fiestas.

Incompleta, vacía, hueca como la corteza de un árbol que aún muerto sigue en pie.
Deseo ir tan lejos que mis huellas se fundan con la niebla, hasta que mi contorno se vuelva invisible.
Era Navidad pero estaba desdibujada por un gris envejecido como si se tratase de un retrato antiguo, congelado en el tiempo, un silencio vibrante que a su vez, hacía el eco de un ayer más próspero.
Hoy, hace 4 meses que mis piernas se ajustan a la forma de tu pequeño cuerpo en la cama, respetando tu espacio habitual, hace demasiadas lunas que ese hueco sólo es llenado por la presencia que anhela mi corazón.
Y sin embargo, no hay nada tan sólo el dolor lacerante que oprime mis entrañas por cada latido de la mitad que ahora soy.




Cuídate, mi vida, protégenos.

martes, 16 de diciembre de 2014

No me resignaré ante lo que me importa.

Ésta noche, frases entrecortadas fluctúan a través de mi mente, inquietas, rebosantes de querer decir tanto y ser incapaces de dejarlo salir.
Iracunda estoy mas también, triste, aturdida y decepcionada, sin embargo, no hallo forma de expulsar el cáncer que nace dentro.
Hoy, mis dedos tiemblan presos de la ansiedad que provoca cada puñalada oral, silenciada se encuentra mi voz atascada en la garganta en busca de algo más que oxígeno.
Me esfuerzo en plasmar lo que no puedo pronunciar aún sabiendo que las palabras se extinguen antes de transformarlas.
Los recuerdos permanecen agazapados, huidizos, no hago el amago de perseguirlos.
Retazos de un ayer llegan a mis ojos, esa sonrisa de mirada parduzca como los de un oso que abrigaba incluso en días calurosos.
Como si cerrase una persiana, mis párpados bajan bloqueando la visión y con ella, esa figura de humo se dispersa. 
Sigo forzando y mi furia se condensa, mi corazón yace agitado lanzando advertencias.

Inspira.





Exhala. 

sábado, 13 de diciembre de 2014

De pécora en pécora y tiro porque me toca.

La pena es que te hayan lavado el cerebro de tal manera que seas incapaz de ver más allá de lo que ellos quieren que veas.
La mala noticia es que te has alejado tanto de nosotros que no nos reconoces como lo que somos y éramos antes de que llegaran ellos.
Es desagradable escucharte mas cuando se sabe que ni siquiera son tus propios pensamientos sino la basura con la que constantemente te machacan.
Es deleznable que no los hayas puesto en su lugar y no hayas impedido que sobrepasaran con creces ese límite.
Es tan aberrante lo que has hecho que no encuentro palabras para expresar la decepción que siento.

viernes, 5 de diciembre de 2014

"La flor que crece en la adversidad es la más hermosa de todas" Mulán.

¿Quién lo comprende, realmente?
¿Cuál es el factor influyente que separa lo real de lo soñado?
¿Qué limita las aspiraciones de la ambición?
¿A cuánta distancia se encuentra lo lejano de lo cercano?
¿Cuándo sabes el momento propicio?
El peso de la decisión engloba toda una red de caminos intricados.
¿En qué me tengo que basar?
¿A qué o quién debo lealtad?
¿En cuánto está valorado mi pesar?
¿Quién impone las consecuencias determinadas a una circunstancia concreta?
¿Quién rige lo que está escrito?
Dame mis cartas, jugaré pero no seguiré las normas prescritas.
Yo decido, yo confío en el azar, uno que no da puntada sin hilo con dosis de casualidad.
Yo creo, yo realizo.
Mi voluntad, mi fuerza y mi espíritu reinan en cada movimiento, cada respiración, cada resuello.
Con tu juicio, me crezco, me alzo sobre ti y cada uno que aún hoy cree que vivo de rodillas.
No me concibieron para ser siervo de nadie, me inclino ante Gaia como única deidad cuya tierra que pisamos, emergió de su viente proporcionándonos un hogar.
Un eco despertando de su letargo amenaza con derruir las cuatro paredes que lo aprisionan.
Las puntas de unos plumones del tacto del terciopelo y el brillo de la obsidiana se abren paso entre ruinas y palabras evocadoras que aún no tienen voz.
Un cántico susurrado entre la bruma de los sueños que conforman mi agitado descanso.
Unos pelillos de seda blanca como el algodón que me hacen cosquillas en el rostro mientras vislumbro el alma de mi guardiana.
Guíame, no me abandones en esta hostilidad, te lo ruego.
Diamantes de rocío que despliegan su belleza con la aurora me recuerdan que mis metas son de largo alcance, no obstante, saben que me fundiré con el viento hasta encontrar el vértice de mi ser.


lunes, 1 de diciembre de 2014

En trance.

Todo está del revés.
Los días vuelan en una paradójica danza, lentos como horas muertas, fugaces como la sensación de volver a sentirse vivo.
Preciada memoria, ahora enmudecida presa de una niebla con la consistencia del hormigón.
El afán de recordar me es vetado por algo que no sé ni lo qué es y sin embargo, avanza implacable con vientos de guerra.
Le doy la espalda al cristal que, desdeñoso, me muestra una verdad que me cuesta aceptar.
¿Quién eres? ¿Quién soy? ¿Dónde estás? ¿Dónde me encuentro?
Amanecer de ojos opacos, noche que se funde con una mirada traslúcida.
Camino dando traspiés, mis pisadas no dejan huella alguna de seguridad, tan sólo el compás de la inestabilidad e inquietud que me amordazan.
Latidos irregulares que sueñan fluir constantes como la sangre en su ir y venir.
¿Por qué?
El por qué a tantos interrogantes, el escape fugitivo de los porqués.
Volátil como aguacero de Mayo.
Dime qué será de éste rosal, enmarañado sobre sí mismo, enredado de una forma letal a una verja monstruosa fruto de un pasado inmanejable, pesadillas y horrores que conforman los indomables demonios del presente.
Mi cuerpo sufre las consecuencias de tan desgastada e infructuosa batalla que embiste una y otra vez en mi mente. Cuya derrota es un reflejo externo de lo que se debate en mi interior.
En una lejanía tan remota como allá donde se vislumbran las yermas tierras de Siberia, me saluda quién desearía ser, quién deseaba ser se halla de vacaciones en paisaje galés y quién soy es apenas una flama imperceptible al ojo humano.
Qué soy llama a la puerta, el nuevo inquilino temporal o eso me esfuerzo por pensar.
El sol, astro reinante de la luz, cuyo brillo aparece amortiguado por la mañana nublada, recorre ociosamente la ventana deseando recibirme, sin embargo, me doy la vuelta dolorida por una falta abrumadora de descanso reparador y una cabeza que no calla.
Todo está del revés.
Lo conocido se vuelve extraño, la rutina en desesperación, lo desconocido en indiferencia, el deber en un torrente de miedo y ansiedad, la observación en un despiste tan continuo como desconcertante, el latir como un pálpito, el respirar absorbiendo desconocimiento, reteniéndolo, expulsando angustia y malestar.
¿Qué está ocurriendo?
Has tocado fondo.
Lo sé.
¿Y ahora qué?
Sana, haz las paces contigo misma y después, hablaremos.