lunes, 1 de diciembre de 2014

En trance.

Todo está del revés.
Los días vuelan en una paradójica danza, lentos como horas muertas, fugaces como la sensación de volver a sentirse vivo.
Preciada memoria, ahora enmudecida presa de una niebla con la consistencia del hormigón.
El afán de recordar me es vetado por algo que no sé ni lo qué es y sin embargo, avanza implacable con vientos de guerra.
Le doy la espalda al cristal que, desdeñoso, me muestra una verdad que me cuesta aceptar.
¿Quién eres? ¿Quién soy? ¿Dónde estás? ¿Dónde me encuentro?
Amanecer de ojos opacos, noche que se funde con una mirada traslúcida.
Camino dando traspiés, mis pisadas no dejan huella alguna de seguridad, tan sólo el compás de la inestabilidad e inquietud que me amordazan.
Latidos irregulares que sueñan fluir constantes como la sangre en su ir y venir.
¿Por qué?
El por qué a tantos interrogantes, el escape fugitivo de los porqués.
Volátil como aguacero de Mayo.
Dime qué será de éste rosal, enmarañado sobre sí mismo, enredado de una forma letal a una verja monstruosa fruto de un pasado inmanejable, pesadillas y horrores que conforman los indomables demonios del presente.
Mi cuerpo sufre las consecuencias de tan desgastada e infructuosa batalla que embiste una y otra vez en mi mente. Cuya derrota es un reflejo externo de lo que se debate en mi interior.
En una lejanía tan remota como allá donde se vislumbran las yermas tierras de Siberia, me saluda quién desearía ser, quién deseaba ser se halla de vacaciones en paisaje galés y quién soy es apenas una flama imperceptible al ojo humano.
Qué soy llama a la puerta, el nuevo inquilino temporal o eso me esfuerzo por pensar.
El sol, astro reinante de la luz, cuyo brillo aparece amortiguado por la mañana nublada, recorre ociosamente la ventana deseando recibirme, sin embargo, me doy la vuelta dolorida por una falta abrumadora de descanso reparador y una cabeza que no calla.
Todo está del revés.
Lo conocido se vuelve extraño, la rutina en desesperación, lo desconocido en indiferencia, el deber en un torrente de miedo y ansiedad, la observación en un despiste tan continuo como desconcertante, el latir como un pálpito, el respirar absorbiendo desconocimiento, reteniéndolo, expulsando angustia y malestar.
¿Qué está ocurriendo?
Has tocado fondo.
Lo sé.
¿Y ahora qué?
Sana, haz las paces contigo misma y después, hablaremos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario