jueves, 25 de diciembre de 2014

Crónicas de un adiós: Un duelo que no admite fiestas.

Incompleta, vacía, hueca como la corteza de un árbol que aún muerto sigue en pie.
Deseo ir tan lejos que mis huellas se fundan con la niebla, hasta que mi contorno se vuelva invisible.
Era Navidad pero estaba desdibujada por un gris envejecido como si se tratase de un retrato antiguo, congelado en el tiempo, un silencio vibrante que a su vez, hacía el eco de un ayer más próspero.
Hoy, hace 4 meses que mis piernas se ajustan a la forma de tu pequeño cuerpo en la cama, respetando tu espacio habitual, hace demasiadas lunas que ese hueco sólo es llenado por la presencia que anhela mi corazón.
Y sin embargo, no hay nada tan sólo el dolor lacerante que oprime mis entrañas por cada latido de la mitad que ahora soy.




Cuídate, mi vida, protégenos.

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