martes, 16 de diciembre de 2014

No me resignaré ante lo que me importa.

Ésta noche, frases entrecortadas fluctúan a través de mi mente, inquietas, rebosantes de querer decir tanto y ser incapaces de dejarlo salir.
Iracunda estoy mas también, triste, aturdida y decepcionada, sin embargo, no hallo forma de expulsar el cáncer que nace dentro.
Hoy, mis dedos tiemblan presos de la ansiedad que provoca cada puñalada oral, silenciada se encuentra mi voz atascada en la garganta en busca de algo más que oxígeno.
Me esfuerzo en plasmar lo que no puedo pronunciar aún sabiendo que las palabras se extinguen antes de transformarlas.
Los recuerdos permanecen agazapados, huidizos, no hago el amago de perseguirlos.
Retazos de un ayer llegan a mis ojos, esa sonrisa de mirada parduzca como los de un oso que abrigaba incluso en días calurosos.
Como si cerrase una persiana, mis párpados bajan bloqueando la visión y con ella, esa figura de humo se dispersa. 
Sigo forzando y mi furia se condensa, mi corazón yace agitado lanzando advertencias.

Inspira.





Exhala. 

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