viernes, 5 de diciembre de 2014

"La flor que crece en la adversidad es la más hermosa de todas" Mulán.

¿Quién lo comprende, realmente?
¿Cuál es el factor influyente que separa lo real de lo soñado?
¿Qué limita las aspiraciones de la ambición?
¿A cuánta distancia se encuentra lo lejano de lo cercano?
¿Cuándo sabes el momento propicio?
El peso de la decisión engloba toda una red de caminos intricados.
¿En qué me tengo que basar?
¿A qué o quién debo lealtad?
¿En cuánto está valorado mi pesar?
¿Quién impone las consecuencias determinadas a una circunstancia concreta?
¿Quién rige lo que está escrito?
Dame mis cartas, jugaré pero no seguiré las normas prescritas.
Yo decido, yo confío en el azar, uno que no da puntada sin hilo con dosis de casualidad.
Yo creo, yo realizo.
Mi voluntad, mi fuerza y mi espíritu reinan en cada movimiento, cada respiración, cada resuello.
Con tu juicio, me crezco, me alzo sobre ti y cada uno que aún hoy cree que vivo de rodillas.
No me concibieron para ser siervo de nadie, me inclino ante Gaia como única deidad cuya tierra que pisamos, emergió de su viente proporcionándonos un hogar.
Un eco despertando de su letargo amenaza con derruir las cuatro paredes que lo aprisionan.
Las puntas de unos plumones del tacto del terciopelo y el brillo de la obsidiana se abren paso entre ruinas y palabras evocadoras que aún no tienen voz.
Un cántico susurrado entre la bruma de los sueños que conforman mi agitado descanso.
Unos pelillos de seda blanca como el algodón que me hacen cosquillas en el rostro mientras vislumbro el alma de mi guardiana.
Guíame, no me abandones en esta hostilidad, te lo ruego.
Diamantes de rocío que despliegan su belleza con la aurora me recuerdan que mis metas son de largo alcance, no obstante, saben que me fundiré con el viento hasta encontrar el vértice de mi ser.


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