lunes, 12 de enero de 2015

Trazando límites.

Proyectó tanto odio en sólo un instante que la frenó en seco.
Le desestabilizó la idea que tenía sobre aquel humano de semblante serio y mirada oculta tras unas gafas.
En ese espacio rezumaba semejante energía negativa como si sólo le faltara hacerse con un arma de fuego y abatir a tiros a cualquiera que le estorbara.
Una algarabía de blasfemias y palabras teñidas de ansia de venganza, de tomarse la justicia por su mano, de rencor e ira ocupaban cada rincón, ésa era la desgracia pues no lograba encontrar algún atisbo más de su personalidad.
Ella sabía lo que él le había estado contando pero, acaso ¿no es cierto que las personas son una moneda de doble cara?
A menudo confiaba en su instinto y en aquel momento, su impresión no había sido lo esperado y menos, satisfactoria.

 Tienes que darle una oportunidad a las personas, si te reclutas en ti misma perderás la ocasión de que puedan sorprenderte...

Se repetía una y otra vez para sus adentros, no obstante, era terca como las raíces de un cañal, una alarma resonaba en su mente y cuando eso sucedía, significaba que no iba mal encaminada.
No estaba emitiendo ningún juicio precipitad, sin embargo, se debatía dudosa pues, ¿no se ponía ella en varias ocasiones a arder de rabia por injusticias y a despotricar sobre todo siervo y señor que se le ocurriese?

Calla, me vas a volver loca. Ponle punto y final a esta cháchara. Sabes que, en estos momentos, eres humo y nadie te va a ayudar a salir de este entuerto así que toma las riendas y enderézate...te va a salir una chepa digna del jorobado de Notre Dame como sigas yendo con la cabeza gacha y encorvada como si estuvieras enamorada del suelo que pisas y quisieras fundirte con él.

Otra cosa no pero se sentía agradecida que su subconsciente estuviese más cuerda que ella.
Lo siento, extraño conocido, pero tengo el deber moral de no rodearme de personas tóxicas que puedan minar mi ya tambaleante ánimo. 

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