domingo, 15 de febrero de 2015

De reformas.

Últimamente, doy vueltas a una desagradable sensación que me persigue desde hace poco y es que creo que me repito más que el ajo. Me ha dado por pensar, así de la nada, que sólo hablo de una historia y la repito hasta la saciedad, calificándola de tantos modos que me siento carente hasta de vocabulario para seguir intentando ponerle un nombre a un sentimiento del cual jamás me he liberado.
Ahora, después de tantos años perdidos, soy consciente de dónde se encontraba el fallo que me hacía caer una y otra y doscientas mil veces más en el mismo tropiezo. Ese tiempo nunca vuelve y puedo asegurar que ha sido un total desperdicio y si pudiera, encantada que estaría de volver atrás e intentar enmendarlo. Lo más "gracioso" es que ésto siempre ha sido un pensamiento común pero jamás he tenido el coraje para hacer frente al cambio y ahora....ahora sé lo qué significa quedarse parado en un punto sin retorno, en una nada absoluta donde el todo gira a tu alrededor pero tú no estás en él.
No hace falta ser un genio para saber entonces que no he vivido en absoluto, que no he hecho prácticamente nada de lo que deseaba realizar y que estoy tan sumamente lejos de donde esperaba estar en estos momentos que siento odio y vergüenza a partes iguales, sé que no soy culpable de que me truncasen de tal manera que tuviera que 'volver a nacer' para poder seguir respirando vida. Esa metamorfosis aún no ha tenido lugar, si bien es ahora o nunca, no puedo seguir dejando pasar las manecillas del reloj, no puedo seguir muriendo viva cuando estoy destinada a ser lo que no soy ahora.
No niego que haya sido mi perdición el soñar tanto despierta que haya acabado más en las nubes que en tierra dejando aquí los problemas sin resolver mientras andaba allá arriba huyendo de ellos por temor a hacerles frente y salir peor parada. No se solucionan solos y se hacen tan grandes que te acaban engullendo.
Sin embargo, el colmo de mi destrucción he sido yo misma, he sido mi enemigo excepcional y no supe verlo aún cuando intentaron  hacerme entrar en razón y que viera algo que nunca supe o quise ver.
No voy a compadecerme de mí misma ni deseo causar lástima y compasión a los ojos de los demás. Puedo pensar que soy un fracaso pero jamás muestro mis debilidades, ya puedo necesitar ayuda que seguiré testarudamente mi camino porque no tolero que me tomen por alguien débil, dependiente e inepta.
Seré muchísimas cosas pero no una necesitada que es incapaz de vivir sin que la cojan de la manita.
Conozco mi actual batalla, perdí la cuenta del número de derrotas pero llevo la contabilización exacta de mis victorias y no es algo para enorgullecerse, por mucho que intenten motivar los power flowers.
Juzgame como pesimista, lo soy pero porque mis motivos están estrechamente unidos a la carga emocional que llevo a cuestas y sí, toda la palabrería sobre lo corta que es la vida y la motivación para seguir adelante me la sé al dedillo de memorieta, de hecho, hubo un tiempo que yo iba predicando lo mismo pero en éstos momentos todo es negro y no va a cambiar a rosa, amarillo, verde, de arco iris por estar oyendo la charlatanería de unos cuantos que lejos de auxiliar lo que hacen es rayar la cabeza pues su intenciones son egoístas ya que se sienten superiores y sabios el ir dando consejos al personal cuando no los han pedido.
Recuerdo cuando el médico definió mi estado, me mostré incrédula y triste, crucé las puertas del centro de salud dirigiéndome hacia donde mi madre estaba aparcada esperándome y lo supo al instante, lo llevaba sospechando desde hace tiempo, en cambio, a mí ni se me pasó por la cabeza. Entre mis amigos más cercanos hubo diversidad de opiniones, pasando desde la comprensión hasta el escepticismo.
"No creo que tú tengas eso, es un psicólogo el que te lo tiene que diagnosticar..."
"Yo no te veo así porque a Fulanito le pasó tal cosa y a ti no..."
"¿Estás segura? Nada, ya verás que con la medicación dentro de unos meses estarás como nueva"
Y una mierda. Siendo bruta.
La complejidad de la mente es uno de los temas en los que más se demuestra la ignorancia de las personas. Desconoces el control que ejerce sobre uno mismo hasta que te toca la china a ti y por fin, te pones en los zapatos del otro. Porque a veces se puede presumir de mucha capacidad de empatía pero habrá ocasiones que hasta que no te veas en su misma situación no llegarás a comprender de verdad.
Por supuesto, agradezco la ayuda hay detalles me suben la moral.
No pretendo ser una versión mejorada de mí misma para agradar.
Una revolución que se cuece en mis entrañas, alguien que lucha incansablemente por ser, por volver a florecer en su jardín soñado, a ser tinta cubriendo cada poro de su piel, a reír tan fuerte que le de lo mismo que su risa suene como el repicar de las campanas o como un gallo afónico, que hable con su voz cantarina impropia de su constitución y edad, que si se le queda la mente en blanco sea por algo tan sorprendente que le haya quitado el habla, que converse sintiéndose segura y cómoda, que su voz represente su persona, que sus palabras no sean meros oídos sordos y sus pasos muestren el equilibrio que reside en ella misma.
Porque he tocado fondo, uno tan profundo que no veo el cielo y por tanto, las estrellas, vetando así mi cercanía acostumbrada con los que ya no están a mi lado pero tengo la certeza absoluta de que puedo volar tan alto que no distinga límite alguno.

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