jueves, 5 de marzo de 2015

¿Soy yo o son los demás?


Sabía que acabaría pasando, atrás quería dejar mis dudas, mis inseguridades y recelos...por una vez estaba decidida a empezar de nuevo, a dejarlo todo atrás y centrarme en construir un futuro. De una patada en el estómago mordí el suelo, dolorida me incorporé, juro que lo intenté, luché y deseé vencer contra todo pretexto. Fracasé, me derrumbé sobre la lona como si mi vida fuera un combate de boxeo, tantos golpes recibidos y tan pocos enviados de vuelta, tanta caída que lleva mi contorno grabado, tantas lágrimas derramadas a fuerza de tragarlas que piso sobre cieno y aún así, ahí sigo reflejada. Un abstracto rostro de mirada impenetrable, un rostro demacrado con cicatrices invisibles observándolo a centímetros, casi fundiéndose con él.
Asignatura pendiente o...un ciclo al completo, un maldito círculo vicioso que no consigo sortear ni reducirlo a escombros, he dado tantísimas vueltas a su alrededor que prácticamente he creado una trinchera frente a un detonador, un campo de minas en el que me he visto frecuentemente envuelta y nunca he conseguido salir vencedora, siempre escaldada, siempre exhausta...encogida de miedo, desesperada por los alambres de púas que se enredan en mis muñecas...Mi mente yace sumergida casi a diario en un estupor que enmudece todo pensamiento, toda palabra queriendo ser pronunciada, oída, comprendida y valorada. Una neblina que enturbia cada recoveco erigiendo un muro de hormigón, acentuando el estado de vulnerabilidad.
Levanto la cabeza esperando ver los rostros conocidos a los que le brindé confianza y camaradería, ¿sabes lo qué encuentro? espaldas. Otra vez en el olvido, otra vez siendo pasto de alguien que quiso encajar y volvió a quedarse en las puertas. Estoy hastiada de intentar mostrar una actitud abierta, amigable y ser rechazada sin miramientos, de ser prejuzgada, juzgada sin contemplaciones, de ser hojas amarillentas y arrugadas en una caja de cartón en el fondo de un trastero. Preguntándome qué hago mal, rayándome por si el error está en mí, cambiar, intentar ser alguien que no siento para qué, ¿para agradar?, ¿para encajar en un grupo donde sólo abunda el interés y los cuchicheos en la sombra?, ¿en uno que son tan sumamente prepotentes que sólo miran su ombligo y se dirigen a ti como si no estuvieses a su altura? No quiero pertenecer a nada si esa nada implica volverme en contra de mis ideales por satisfacer, doblegarme a unas etiquetas que no tolero, guardar silencio ante la falta de educación.
Suficiente que asumo el decadente sistema educativo y acato las rígidas e incompetentes maneras de enseñar del personal como para encima tener que colgarme una aureola en la cabeza fingiendo ser la mosquita muerta que pica como la serpiente que es cuando algunos se pasan de listos.

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