miércoles, 25 de noviembre de 2015

Un hola y un adiós.

No estoy.
Bien es cierto.
Me asemejo más a lo fantasmal que a lo real y si así es hoy es porque las llamas prendieron mi ser hasta reducirlo a polvo, polvo de estrellas que no retornaron a su hogar.
Partículas de arena que, en el tiempo se quedaron suspendidas a la espera de algo que las volviera a unir.
No será sencillo recuperar los trazos de una senda que ya no conozco, tampoco las amistades que dejé atrás por razones que ya no me conciernen. Igual no reside en mí un deseo acuciante de agachar la cabeza y suplicar perdón, ¿perdón? ¿por qué? no busqué verme metida en este entuerto, en un galimatías mental que te ahoga por momentos, si los que juran conocerme de aquí a Roma no saben ver lo que se esconde detrás de la ya tan conocida y desgastada máscara, de ese teatro tan improvisto de vida es que, realmente, no supieron llegar a mí. Conocieron la envoltura pero no el contenido y es desalentador darse cuenta de ello.
Diáfano como el reflejo que te devuelve el agua al asomarte a ella, pasará muchas lunas, tantos soles como días tiene el calendario para reecontrarme. Si estás, estáis...lo celebraré, pues me sentiré afortunada de contaros entre mis dedos, de formar parte de mi familia no política pero si sólo doy con vuestra ausencia entenderé que la vida es una sucesión ilimitada de entrada y salida de personas, todas dejan su firma tanto si eran una bendición como un error, siempre llevas su correspondiente aporte en la mochila.
En fin, ¿qué sabré yo? Si en la brevedad que atañe cada crepúsculo, el frío abraza cada latido sumergiéndolo en otra dimensión paralela donde el tic tac no se ha inventado y el blanco y nehro engulle tod visión.
No estoy.
Pero sí estuve y aún seguiría estando, recuérdalo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario