viernes, 25 de diciembre de 2015

Rainy days.


Lluvia.
Su olor, nativa fragancia que limpia y oxigena mis pulmones.
Brisa.
Esa corriente de aire fresco y húmedo, la cual llevaba tanto tiempo sin sentir, me revuelve suavemente los tirabuzones a modo de bienvenida, un saludo como si fuéramos viejos amigos.
Mientras estoy plantada en medio de algún punto de mi hogar con el rostro elevado, los ojos cerrados y la mente en calma, entierro los dedos de los pies en la tierra mojada...¡Cuántas lunas sin su tacto!
Las nubes cubren con un manto pelusón de gris anaranjado el habitual paisaje estéril que engloba ésta parte de la región así que, aprovecho como si no hubiera un mañana el agua recorrer mi piel de norte a sur, además de enviarme escalofríos por el choque de temperatura noto que sonrío con el chispazo de felicidad arremolinándose en mí.
Muchos prefieren la textura de lo material, lo visible y escandalosamente caro y el entrenimiento vicioso que ofrece lo electrónico, olvidando que nosotros pertenecemos y nos debemos a la tierra que nos nutre y nos da cobijo. No obstante, en pleno siglo de evolución, capitalismo y consumismo sin precedentes, Gaia, nuestra madre tierra quedó relegada a una leyenda, considerada como una paranoia de los ecologistas y si se tira algo más del hilo, un disco de Mägo de Oz.
Opto por dejarlo ir como las gotas que caen en caída libre en su efímero trayecto por las tejas, hoy quiero recargar la fuerza latente en mí, colorear tan sombría aura que me rodea como diques impenetrables.
La noche invita a que fluya como lo que soy, parte de ella. Enlazada a los elementos que la constituyen, trenzado mi espíritu se halla a los cinco fundamentos del origen que dieron lugar al símbolo de protección.
Sin embargo, una punzada en una oquedad tan profunda como conocida aunque no explorada, expresa a gritos un anhelo, arcaico y común. La lluvia fue creada para compartir, para abastecer, regenerar e incluso destruir. Los ecos de aquella sinuosa caverna reverberan una imagen imprecisa, con la apariencia de la neblina...y un sentimiento contenido tan nítido como cualquier playa de las Maldivas.
¡Aaaayy, mala pécora ya hemos hablado de esto un trillón de veces! ¡Deja de jugar a imaginar grandes historias de guerreras, caballeros y mágicos reinos!

domingo, 6 de diciembre de 2015

Tic, Tac.

Yo no estoy, ella no está.
Llevamos tiempo así.
Entonces, 
¿cuando yo esté, ella estará? ó ¿cuando ella esté, yo estaré?
¿y si nunca llegamos a estar ninguna de las dos?.
Podría llegar a darse el caso de que estuviéramos las dos pero, en realidad, estuviéramos tan lejos la una de la otra que sería imposible volver a juntar los engranajes de lo sumamente oxidados que estarían. 
Se podría intentar, ¿no?.
Pero, ¿y si ninguna hace el amago siquiera?.
Ella no está, yo tampoco pero tenemos que estar. 
¿Cómo?


viernes, 4 de diciembre de 2015

¿Por qué te resistes tanto a cambiar?

Así pues, 
por cada lágrima derramada,
por cada una aguantada,
por cada palabra hiriente,
por cada bala recibida en verbo,
por cada ocasión donde la voz estuvo en alza,
por cada respuesta atragantada,
por cada grito reprimido,
por cada marca de los dientes sobre la lengua,
por cada mirada furibunda,
por cada una desafiante,
por cada actitud hostil,
por cada bramido lanzado al azar,
por cada pedazo tuyo de desgracia, pierdes un trocito de mí.
Hasta que haya caminado tanto que, tras echar la vista atrás, observe que la distancia no es retornable.