viernes, 4 de diciembre de 2015

¿Por qué te resistes tanto a cambiar?

Así pues, 
por cada lágrima derramada,
por cada una aguantada,
por cada palabra hiriente,
por cada bala recibida en verbo,
por cada ocasión donde la voz estuvo en alza,
por cada respuesta atragantada,
por cada grito reprimido,
por cada marca de los dientes sobre la lengua,
por cada mirada furibunda,
por cada una desafiante,
por cada actitud hostil,
por cada bramido lanzado al azar,
por cada pedazo tuyo de desgracia, pierdes un trocito de mí.
Hasta que haya caminado tanto que, tras echar la vista atrás, observe que la distancia no es retornable. 




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