domingo, 6 de noviembre de 2016

Sin retorno.

No me encontrarán.
No lo harán.
Nunca.
Sólo las palabras y la luna son testigos de mi vuelo.
Ellos marcharán,
pero en vano será.
Para entonces, lejos estaré y mis huellas borraré.
Hablarán y gritarán mi nombre mas sólo el eco les devolverá sus voces.
Silencio es lo que les quedará.
No volveré y en el fondo, saben.
Ellos no son dignos de una indigna cuya dignidad moderna rechaza.
Yo SOY.
Así, sin más.
Y seré mañana más y mejor.
Creceré tan alto que mi sombra se perderá entre las montañas.
Soy y elijo no estar.
Me convertiré en estación, respiraré entre paisajes y sólo...sólo los libros cuya tinta derramará mi sangre, conocerán mi historia.



Ojalá nunca te hubiera conocido.

Si fuera fácil, hace tiempo que hubiera abandonado.
Si me lo hubieran dado todo en bandeja, picado como para alimentar un pichón ya me hubiera aburrido.
Y si no creyera que merece la pena, no estaría pacientemente esperando.
Bien es cierto que recorreré mundo, haré voluntariado aquí y allá y envejeceré en un pintoresco pueblo de Escocia pero antes, antes de emprender el vuelo quiero...conocerte.


viernes, 4 de noviembre de 2016

Idiota bastardo.

Tan absurdamente sencillo es terminar guardada en un cajón y salir sólo cuando el aburrimiento haga mella. 
Es insultante la facilidad con la que le olvidan a uno como si fuéramos chinchetas, parches de usar y tirar salvo en algunos casos que, antes de ir a parar al cubo de basura te reciclan tantas veces como precisen. 
Así es nuestro valor. 
He sido testigo y víctima de ello en incontables ocasiones y jamás te acostumbras a ser desechado.
Por fortuna, la frialdad es parte de mi naturaleza y ayuda a congelar las lágrimas antes de que se desborden así como me aísla del dolor y la decepción sentida al destapar la verdad.
Nunca fui fácil en el sentido más amplio de la palabra y por eso, a menudo, soy conocedora de la cara más amarga de las personas, gente acostumbrada a que se lo den todo masticado. 
Por elegir, siempre preferiré que el frío me consuma a dejar que el egocentrismo del ser humano hiera e intente doblegarme y amoldarme a sus propios intereses y visión de las cosas. 


jueves, 3 de noviembre de 2016

Fuiste una completa pérdida de tiempo.

He aquí que ella, por fin, pudo reunir el amor propio necesario para dejar de ser la pescadilla que se muerde la cola y así, emprender su marcha en busca de otros corazones más bienaventurados.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Abrazar el sol.

Ganas de vientos de cambio.
De exhalar, viajar, descubrir nuevos y fascinantes lugares que recordar, vivir y disfrutar.
De expandir las alas en toda su extensión y saberme libre y renacida. 
Ganas de volver a soñar a lo grande SIN TEMOR.


sábado, 29 de octubre de 2016

Crupier.

Poder volver a creer, a brillar, a sonreír. 
Poder volver a construir un castillo sin que se acabe trasformando en uno de naipes. 
Aprender a jugar al poker sin ser mi vida la que esté en juego. 
Volver a confiar en el presente. 


Dogma.

Sentir menos, vivir más. 
Más inspirar, menos suspirar. 
Correr menos, observar más.
Más apreciar, menos degradar.
Mendigar menos, confiar más.
Más olvidar, menos pensar.
Limitar menos, desear más.
Más fluir, menos dañar.
Buscar menos, encontrar más.
Más 'hola', menos 'adiós'.
Discutir menos, abrazar más.
Más ilusionar, menos juzgar. 
Fantasear menos, realizar más.
Más cerca, menos lejos. 
Distanciar menos, unir más. 
Y sobre todo, 
seguir caminando sin mirar atrás. 




martes, 11 de octubre de 2016

Espíritu que nadie pudo doblegar.

Agudizo el oído mientras intento encontrar calma en el paisaje frente a mis ojos.
Hoy un vendaval se abre paso a través de los nubarrones oscureciendo y dejando un manto de pelusa en el cielo. La tarde se cierne y los mirlos corren a resguardarse de la pronta llovizna que comienza a caer tímida y silenciosa.
Inspiro una gran bocanada de aire, olfateando con deleite los olores tan nítidos de un tardío otoño. Es mi estación favorita y en contadas ocasiones he podido disfrutar.
Una brisa cargada de aroma a lluvia me eriza el escaso vello de los brazos desnudos y es que, reniego de la manga larga y los jerséis de lana. Hablando de abrigo, creo que los grandes y mullidos cojines en los que estoy recostada ofrecen mejor resguardo que un montón de ropa envuelta a modo de cebolla.

No tan lejos como me gustaría. siguen llegando los leves murmullos de risas y conversaciones reunidas en torno a la chimenea en el interior de la cabaña. Christine y Carmín estuvieron toda la mañana entre fogones y ahora me arrepiento no haber cogido un trozo de bizcocho de chocolate y calabaza que a éstas alturas, seguramente, ya habrá volado. Por no mencionar, las galletas de jengibre en forma de piñas de pino porque Carmín no había encontrado otros moldes en la tienda de comestibles del pueblo. Es entretenido observarlas cocinar, una frunce el ceño como si estuviera manejando anhídrido carbónico en vez de harina y huevos y otra retorna a su niñez dibujando y pintando sobre las galletas en vez de libros de grandes y simples garabatos.
A cambio, les he estado haciendo fotos. Ellas se quejaban porque con sus pintas de estar por casa y tan presumidas que son no conciben salir sin rímel ni base de maquillaje para ocultar las imperfecciones. No obstante, a mí me encanta pillarlas in fraganti siendo plenamente, sin máscaras y con la guardia baja. Espontáneas y naturales con sus batas de colores y diseños florales, cabellos despeinados y calcetines sacados del fondo del cajón. Sus gestos cobran vida aún estando inmortalizados en la cámara y ¿sus sonrisas? Iluminan más que las luces LED enmarañadas en un rincón haciendo pelota con la única finalidad de quedarse pegado al rozarlo.

Juntando nuestros ahorros de nuestros respectivos trabajos y aunando calderilla de aquí y allá conseguimos alquilar durante una semana, una cabaña en medio de éste paraje montañoso en el que apenas llega la cobertura. No hay WiFi ni funciona la radio, la televisión sólo sintoniza programas donde el público es una marabunta de viejas cotillas y misas. Está todo pensado para alejar a las personas de la tecnología y centrarlas en las relaciones sociales, en volver a conectar de forma ordinaria en vez de tener que utilizar un móvil u ordenador para ello. Y ha tenido éxito desde el primer día.
En ello estaba, escuchando las peripecias de Isaac cuando su encargado le ofreció el puesto de animador de fiestas infantiles disfrazado de pollo para ganarse un dinerillo extra y de pronto, sentí la necesidad urgente de salir fuera de la estancia y adentrarme en el bosque aledaño. Es una costumbre el necesitar ratos de soledad cuando las energías de las personas que hay a mi alrededor me abruman. En éste caso, se sumaba el hecho de estar encerrada en una habitación sofocante con todo cerrado y es que ellos son muy frioleros y en cambio, yo odio el calor. Ni se inmutaron pues, acostumbrados como están a mis salidas improvisadas de escena.

Caminé hasta perder de vista la casa y seguí caminando con paso firme hasta que sentí las piernas como bloques de hormigón. Llegué hasta una zona en la que transitaba un riachuelo de aguas cristalinas y peces que nunca había visto. Cerca de la línea que dividía la corona de árboles frondosos y la orilla del arroyo, alguien había construido una especie de cúpula de madera en tonos claros y decapados, dentro habitaba un sofá de mimbre repleto de almohadas con una pequeña y muy elaborada mesita de intricados diseños celtas.
Y aquí me encuentro con la mente a kilómetros luz buscando inconscientemente respuestas a preguntas que soy incapaz de formular. Un fulgor se cuela entre las columnas haciendo brillar los contrastes entre la madera envejecida y el follaje otoñal teñido de amarillo, naranja y marrón. Por fortuna, siempre llevo la cámara encima. Me asomo por la barandilla preocupada de que el sirimiri me hubiese abandonado pero no, resulta que sólo se trata de un travieso haz de sol jugando entre las apretujadas bolas de algodón roñoso.
Al percibir mi presencia, un trueno retumbó en el claro provocando un ya conocido cosquilleo de adrenalina en mis entrañas pues sólo la tormenta comulga con mi más pura esencia. Una sonrisa se extiende por mi rostro dándole la bienvenida a mi compañera de batallas y celebrando su aparición ya que así puede darle rienda suelta a mi propia anarquía.
Acaricio suavemente, de forma imperceptible las hojas de un viejo y maltrecho libro que encontré de forma fortuita, en un mercadillo medieval hace ya algún tiempo. Utopía de Thomas More me devuelve la mirada mientras que, despistada entre mis pensamientos vislumbro mi propia y soñada realidad.
Me pregunto con qué piedra me identifico más si con la turmalina o el ónix, o por el contrario, el ámbar o la lapislázuli. Por signo zodiacal me pertenece el negro ónice pero siempre he sentido fascinación por las piedras, minerales y fósiles. Hay unos cuantos que me llaman poderosamente la atención. Al contrario que la mayoría, no le veo encanto al diamante. No expresa nada, tal vez por su aspecto o por lo magnificado que está constantemente. Me cuestiono tantas cosas acerca de mi persona que optó por levantarme engarrotada sintiendo astillas en vez de músculos. Descalza, camino por la tierra húmeda e irregular hasta sumergir mis pies en la calma acuosa cuyo reflejo lleno de ondas simétricas ofrece.
Si reflexionas, la naturaleza es la máxima representación del arte, la pureza y perfección. Indudablemente, no necesita de la zarpa humana para serlo. En el canto más opuesto y extremo, los humanos somos la especie más cambiante, destructiva y ególatra que conforma nuestro planeta. No estamos en comunión ni con nosotros mismos ni con el prójimo ni mucho menos, con el ecosistema en el que convivimos.
No existe el equilibrio, sólo guerra y cataclismo provocado por el ansia ciega de poder, narcisismo y corrupción. Es de una simpleza insultante corromper a la gente, venderla, comprarla, usarla...y matarla. Ensimismada en mi creciente irritación por la estupidez y obsolescencia de nuestra detestable estirpe, me veo sorprendida por una tromba de agua que nace y arranca desde el cielo como una tropa de guerreros milenarios confiados en la victoria.
Pese a las agujas heladas que traspasan la fina piel de mis extremidades prácticamente entumecidas y las incesantes gotas que resbalan desde mi cabello hasta mi espalda, perdiéndose entre las arrugas de mi ropa no impermeable no muevo ni un ápice mi postura. Poco a poco, lejos va quedando mi reciente cábala para ir abriendo prudentemente la caja de Pandora.

Un demonio particularmente feo, repugnante y terrorífico escapa por la minúscula rendija y totalmente erguido muestra su grandilocuente y amorfa apariencia. Hoy es mi día de suerte, he dado de bruces con el peor de todos y su gesto manifiesta a las claras que lleva tiempo esperando dar conmigo. Con voz de catacumba haciendo vibrar los cimientos de mi fortaleza inicia su parloteo con ironía conocedor del poder que tiene sobre mí, sus palabras son flechas envenenadas directas a su destino, destino que consigo frenar resultado de un severo entrenamiento mental. La batalla verbal continua y a éstas alturas, el viento es un rugido estremecedor, la bóveda un averno sombrío y centelleante...lejos queda la serenidad que instantes antes envolvía el lugar, ahora de pesadilla.
Mientras tanto, consigo mantenerme en pie a la defensiva y la mirada clavada en el trozo de mierda residual entretenido en atiborrar mi mente de pensamientos virulentos e incertidumbre capaz de provocar una detonación craneal de pura sobredosis ponzoñosa.
De repente, se escucha un feroz gruñido cuyo eco se extiende por toda la ladera y hace que el pérfido espectro reduzca a la mitad su tamaño por el miedo y sobrecogimiento que le embarga. Una gran loba blanca y máscara grisácea en el rostro, de ojos ámbar bravíos y desafiantes aparece solemne y poderosa entre los árboles. Mostrando unos dientes afilados como dagas, el vil engendro retrocede a su cárcel cerrando, de momento, el cofre maligno.

Me arrodillo exhausta, temblorosa, angustiada y consternada entre aguas que sólo causan claustrofobia. Agacho la cabeza mientras mi cabello enredado y chorreante oculta las lágrimas que afloran tras el asalto, inundándome de mil caras que dicen ser yo y en cual ninguna me reconozco.
La loba se acerca confiada envolviéndome en un abrazo, acurrucada me encuentro en su cuello peludo e increíblemente suave sosteniéndome cuando presiento que sólo soy trozos de todo y nada esparcidos en el suelo.
Fija su mirada ancestral y llena de magia en mí, ayudando así a que me recomponga. Le abrazo rebosante de gratitud una última vez y observo su marcha, esfumándose entre polvo de estrellas y universo. La tempestad sigue sus pisadas y sin esperarlo, miles de millones de luceros astrales me reciben aportando, de nuevo, la paz que sólo la noche puede brindar. Tan lejana como cercana, la luna en fase menguante ilustra la pradera.

Finalmente, emprendo la vuelta tras guerrear, otra vez, con el mal que todos llevamos dentro. Ese martirio que nos hace inestables y vulnerables ante la vida. Si bien no tengo un compañero con el que compartir ni luchar juntos haciendo frente a los contratiempos te diré que tampoco lo necesito. Ya atesoro una loba preciosa residiendo allá donde no alcanza la humanidad y el espíritu es más omnipotente que todo el dinero y bienes materiales que poseemos.
Retorno con la promesa de una ducha caliente, mis calcetines zarrapastrosos preferidos, una sabrosa pizza margarita junto a mi confraternidad reparadora con un descanso, espero, aún mejor.
Ruego que no se les haya ocurrido la estupenda idea de salir en mi búsqueda pues son de la metrópoli y carecen totalmente del sentido de la orientación. De hecho, ajenos a mis advertencias se calzaron tenis en vez de botas de trekking y es un espectáculo ver sus acrobacias en un intento de mantener el equilibrio cuando vamos de excursión. ¡Ah, no! Olvidaba a Carmín, ella optó por unas horrendas y antiestéticas botas UGG asemejándose a un big foot con calcetas.

Con una lechuza guiando mis pasos y sonriendo satisfecha, es momento de regresar a casa.



















jueves, 29 de septiembre de 2016

Gusanito.



Ésta noche la lluvia se ha dejado caer por aquí y como un rey mago, me ha traído una carta desde aquellos reinos con la promesa de hacérsela llegar a sus remitentes.


'Querida familia,

Os escribo desde un lugar propio de un cuento de hadas, con la intención de aliviar en lo que pueda el llanto de vuestro corazón roto.
Soy consciente de que me marché sin avisar y os pillé con la guardia totalmente baja. Sabía que se acercaba el momento y quise regalaros un atisbo de mi ya pasada jovialidad. No quería que me vierais sufrir pero mi cuerpo no reaccionó como lo había previsto pues ya era un abuelete prácticamente rozando los 100 años y estaba cansado. Había vivido toda una vida como un príncipe, el rey de la casa para mamá y el guardián psicoterapéutico para mis niños. Papá era como la tita Trini antes, no le gustaban los animales pero conseguí ganarme un lugar en su corazón y aprendió a amarme como a uno más de la familia.
Deciros que no me he ido, sé que es difícil de creer teniendo en cuenta que papá ha enterrado mi cuerpecito pero sigo aquí aunque ya no me podáis ver.  Os lo prometo, no me he marchado. Jamás os abandonaría. Somos un clan y os seguiré allá donde vayáis, velando por vosotros como lo hice en mi etapa terrenal.
Conozco la tristeza que os inunda, vuestra mirada vidriosa con los ojos brillantes y enrojecidos. El nudo en la garganta, el peso muerto en el pecho como si os hubieran robado la vida. Las ganas de gritar al universo, desgarrando la voz en un aullido de agonía reclamando explicaciones a quien quiera que esté por allí arriba, el por qué habiendo tanta gentuza e inhumanidad por el mundo tenía que irme yo.
El por qué fui arrebatado en un abrir y cerrar de ojos si yo estaba sano y feliz. Ésa respuesta no la tengo ni creo que nadie la conozca, no os vale lo sé pero tenéis que confiar en mí. En ésta ocasión aún sin estar planeado, mi cuerpo ha batallado como un guerrero dejando a su paso debilidad también causada por la vejez, mis órganos estaban desgastados y mi corazón había acumulado tal cantidad de luchas que sólo quería dormir.
Me habéis hecho el perro más feliz del mundo, de verdad. Ojalá cada animal que hay allí fuera pudiera conocer una familia como la que yo he tenido la fortuna de amar.
Abrid vuestro corazón y dejad a vuestros sentidos danzad en son con vuestra alma, ellos os guiarán hacia a mí. En cada rayo de sol sigiloso entre las cortinas cada mañana, deslumbrando las habitaciones con mi luz por la tarde y cuando cae la noche, la luz de la luna os arropará en mi nombre. Cando ella se esconda, seré la estrella que vosotros elijáis. Y si vislumbráis una mensajera fugaz, ése será mi regalo. Un recordatorio de que sigo vivo en vosotros, en cada uno que me recuerde, en la memoria y en el corazón seguiré latiendo a vuestro lado.
Os esperaré, siempre. Nos volveremos a ver.
Cuidaros que yo seré vuestro guía cuando andéis perdidos y el rumbo no sepáis encontrar. Un abrazo peludo, os quiere, Rocco.'

Ayer un corazón dejó de latir, su vida llegó a su fin. Su familia se sumió en un dolor indescriptible e ininteligible para muchos. Un ángel terrenal cruzó la frontera que separa nuestros mundos y ascendió al reino que le vio nacer. De su moteado lomo le crecieron unas hermosas y magistrales alas, blancas y mullidas como el algodón. Su aura titilaba en tonos dorados y sus huesos envejecidos recuperaron el impulso de la juventud. Corrió, corrió como un cervatillo recién nacido brincando entre las flores silvestres, jugando con un montón de angelitos peludos de cuatro patas o de dos, con plumas, escamas, pico o aletas. Hay tantos pululando por aquellos valles y bosques infinitos, de todas las especies y muchos aún esperan reunirse con su familia humana. Otros cuantos vienen de visita con ellos, finalmente, todos juntos. No es extraño que, de un modo u otro, al final todos se acaben reconociendo mutuamente y se saluden como viejos amigos.
Mi primo orejotas se reunió con mis angelitos y otros amiguetes que fue conociendo a lo largo de su existencia. Le ladra a las ardillas porque cuando sus hermanos de dos patitas eran pequeños les chiflaba unos dibujos animados de Disney Channel cuyo nombre era algo parecido a Chip&Chop. En efecto, trataba de dos hermanos ardillas muy revoltosos y con una risa contagios pero mi primito los aborreció a la quinta vez de su emisión.
También cuida de los gatitos huérfano que echan de menos a su mamá y no se separa de un conejito blanco como la nieve con nombre aristocrático. Creo que se llama Maximiliano. Sigue siendo muy goloso y prueba de ello es el pastel de chocolate, flan y galleta en forma de hueso que le preparó su abuela en su fiesta de bienvenida. Ella estuvo todo éste tiempo cosiendo una elaborada manta inmortalizando todas sus buenas vivencias de su vida perruna para cuando, llegado el momento, nunca se sintiera solo.
Todo esto lo sé de buena tinta porque mi princesa se lo contó a un búho que ronda por mi hogar y ella me lo comunicó mientras dormía.
Descansa en paz, pequeño orejotas. Siempre en nuestro 💖

















miércoles, 28 de septiembre de 2016

Crónicas de un adiós: Sería un crimen olvidarte.

Sigo buscando tu forma en las nubes, intentando entrañar los misterios que guardan las constelaciones, esperando una estrella fugaz porque así sabré que estás bien. Rezándote cada noche antes de acostarme, escudriñando entre los astros, susurrándote el anhelo de mi alma con la fuerza de un titán. 
Dándote las buenas noches aunque ya no tenga modo de besarte ese hermoso y alocado flequillo. 
Repitiendo costumbres, presa de la inercia y la rutina. Hilando los trozos rotos de mi corazón desolado, cosiendo parches, disimulando heridas que no cicatrizarán. 
Llorando, cada vez menos, en la quietud de la madrugada buscando tu calor y encontrando un vacío tan inmenso como escalofriante. 
Mi Xuxie, te extraño.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Marín.

Ojalá pudieras verte a través de los ojos de quienes hieres por tu carácter de mierda.
Ojalá tu corazón reciba en oleadas el sufrimiento de quienes padecen tu agresividad y mala educación.
Ojalá, algún día, el reflejo del espejo muestre la muerte que llevas dentro como carroña.
Ojalá dejara de soñar cual idiota y me adaptara a la jodida realidad.


martes, 20 de septiembre de 2016

Puro teatro.

Dicen por ahí que el fuego es el elemento más vivaz de los cuatro que lo componen. 
Dicen que el invierno mata lentamente, adormece el sentir y lo deja frío, muerto, congelado en la estación.
Dicen que sólo el calor reaviva las cenizas y de ellas, resurgen como inmortales las almas que perecieron en el blanco manto.
Dicen de un hilo rojo legendario, creyentes de una cultura popular se aferran como clavos para que la soledad no les devore.
Dicen presas de la presión social, de lo que llevan amamantando desde chicos que la mitad de cada uno de nosotros se encuentra en alguna parte, a la espera de que aparezcamos en escena. 
Dicen que cuando uno no puede dormir es que está despierto en los sueños de otro. Como si ése otro, egoístamente, no pensase que necesitamos descansar. 
Dicen mucho, razonan más bien poco.
Dicen que expresan su opinión pero se desviven por el visto bueno de gente que ni conocen. Por un 'like' dejan de lado el placer de descubrir y aprender para dar paso a la falsa realidad que inunda las redes. 
Dicen ser sabios y poetas. Científicos y reporteros. Médicos, políticos y consejeros del rey.
Dicen ser pero no son.
Dicen ser libres mas son esclavos de aquellos que aseguran conocer la verdadera esencia de la libertad, una desvirtuada, ajena y creada para manipular y reunir seguidores. 
Dicen, sólo dicen, 
Y por decir, diré que son adictos a la mayor adicción de todas; la mentira



sábado, 10 de septiembre de 2016

Rose Mary Blue.

Inalcanzable.

                                       Mística.


INDÓMITA 



miércoles, 17 de agosto de 2016

Crónicas de un adiós: ¿Eres mi ángel guardián?


Perdóname
A día de hoy no logro vivir. No concibo una existencia sin ti. 
Mi corazón partió contigo y el tormento se abrió paso arrasando toda semilla que pude haber sembrado con desgana, con propia autodeterminación, de creencia en que tú seguirías mis pasos desde un lugar ajeno a nuestro mundo. 
Sobrevivo y sólo es el abismo de una realidad que no comprendo. Pese a mis esfuerzos, sigo perdida en una mundanidad que da asco, en la mayoría de ocasiones. 
Y te pienso y no hay día en el que no estés en mis pensamientos. Tu radiante rostro ahora etéreo detrás de mi retina...totalmente fuera de mi alcance. Intento ser fuerte, recuperar la antigua resistencia que tanto me caracterizaba antes frente a las adversidades.
A veces lo consigo tras una férrea voluntad que de puertas para dentro, sólo trae extenuación. En otras, digamos que los terremotos y sus consecuentes derrumbamientos se han vuelto parte de la rutina. 
Aún así sonrío, sorprendida estoy que en numerosos momentos, ha sido con franqueza y naturalidad. En mi condición, he conseguido logros que, en éstos instantes, no recuerdo pero sé que existen. Uno de ellos era enfrentar los días, uno por uno, levantarme de la cama suponía todo un pulso y hubo mañanas en las que el decaimiento ganó sonriendo malicioso mientras me retiraba presa de tantas emociones que me era imposible descifrar. 
El reloj no pudo resistir la velocidad del tiempo, se congeló esperando sobrecogido un advenimiento que le hiciera regresar a sus impolutos engranajes. 
Por otro lado, el otoño e invierno desaparecieron y vivimos en un permanente tira y afloja de calor intenso. Sin embargo, a raíz de tanta tempestad interna la escarcha se adueñó de mi piel privándome de sentir alguna vez la atmósfera acogedora. Por supuesto, me adapté permutando en una actitud camaleónica. 
La inexorabilidad se refleja en las bolas arrugadas arrancadas del calendario y al haberse extinguido el fuego en mi pecho ahora me encuentro envolviéndome en sábanas o mantas, acurrucándome en lugares mullidos en busca de puntos de calor que sentir en mí, 
La cama sigue pareciendo inhóspita por muy llamativos que sean los colores que la cubren y sé lo que le falta. .
A duras penas descanso, lo poco que duermo lo hago sumida en pesadillas, éstas últimas son como cuchillas apuñalando todo intento de serenidad.  
JAMÁS podré perdonarme lo que provoqué...porque sé que si hubiera estado atenta, si hubiera aprendido algo más que fregar instrumentos quirúrgicos podría haber llegado a tiempo.
Joder, podría haberte salvado. 
Pero no. Llegué tarde, como de costumbre. Llegué cuando el daño era incurable y progresivamente, había comenzando cada vez mas rápido tu apagamiento. Fui testigo de cómo la vida se alejaba de ti y empezabas a cerrar tu propio ciclo. Sólo podía mirar y llorar, llorar abrazada a ti rezando a los dioses, a los nuestros que ya anduvieron el camino, rogando, suplicando que no te apartaran de mi lado. 
Hubiera dado mi vida a cambio de la tuya, hubiera dado hasta la última gota de mi sangre para que permanecieras aquí hasta que decidieras, por voluntad propia y no por afección, la hora en la que ascendieras como arcángel que ya eras. Y eres. 
La culpa me destroza, por mucho que lo nieguen sé que podría haberlo conseguido. Dicha tortura siempre la llevaré conmigo como castigo por haber sido tan descuidada con quién más amaba en éste puto planeta. 
Quizás odies verme triste pero ya no puedo encontrar consuelo en tu abrazo, calmar el llanto oyendo tu respiración acompasada y tus suaves ronquidos. Acariciar los despeinados pelillos de tu cabecita con la barbilla y sentirme arropada, justo en el lugar en el que desearía estar de por vida. Ahora sólo me acurruco en la almohada mientras el frío y la agonía se ciernen sobre mí. 
Podrán decir misa pero tú eres mi familia, eres parte íntegra de mí y seguiré luchando miles de batallas por ti. Un vínculo hoy inmortal tan singular como preciado. Hay ausencias cuyas sillas libres en torno a una mesa, camas amoldadas a su forma y objetos en desuso no encuentran sustituto alguno y aunque fuera posible, sería una deshonra para su memoria.

Mañana, pasado, dentro de una semana y así sucesivamente, seguiré levantando la mirada a la bóveda celeste susurrando un 'te quiero' esperando que una estrella lo escuche y llegue hasta a ti.
Mientras tanto, sumergida estaré en la búsqueda de algo que me devuelva las ganas de despertar.













viernes, 10 de junio de 2016

Rodando escalones abajo.

Si aquí me encuentras es porque la derrota se ha abierto paso junto a la aurora.
De nuevo, he fracasado como combatiente de una cruda batalla en la que me llevan los demonios cada día.
Nunca nadie llegará a comprender el caos, el universo que se halla tras el abismo, nunca nadie se acercará lo suficiente para sentir llamas en su piel así como sus oídos jamás llegarán a escuchar la nitidez de los bramidos que promulga el silencio.
Nunca nadie se adentrará en el epicentro de una mirada ni vislumbrará los colores claroscuros de un iris sumergido en la tempestad.
Mera espectadora de una realidad que no me pertenece, observo rostros, leo gestos, capto palabras, formas y sonrisas ajenas a mí, conocidos que se volvieron extraños, desconocidos conocidos que nunca sonreirán de vuelta.
En segundo plano, percibo todo lo demás: sus risas, conversaciones, humor, energía e incluso pequeños retales de sus historias.
Ellos no advierten mi presencia, tan sólo soy una más que cruzó de forma temporal y fugaz por sus vidas, un espectro que ni su huella alcanzó a plasmar.
Una diminuta semilla a merced de las corrientes sin lugar donde poder evolucionar, sin hogar donde respire paz. Errante, nómada, vagando de un lado a otro sin saber dónde está su pedacito mientras, desesperanzada e impotente contempla el tiempo apresurarse hacia ella obstinado, imperturbable y con una certeza a sus espaldas que no desea recoger.
Ella no es ni la sombra de todo cuanto debería haber sido, no deber sino querer, anhelar ser alguien que ahora mismo ni su reflejo es capaz de dilucidad qué diantres es.
Muchos, la gran mayoría sólo ven de puerta para fuera y mostrándose conformes con ello se dedican a juzgar, sacando conclusiones erróneas e hirientes. Es realmente sencillo opinar desde la ignorancia, creer que uno sabe cuando no, cuando lo que le ocurrió a Fulanito no es lo que te ocurre a ti aunque sea el mismo padecimiento.
Sobre todo cuando subestiman, infravaloran, estigmatizan y desestiman desde círculos cercanos. Ahí es cuando levanto colosales murallas, ahí es cuando comienza a cobrar sentido la distancia y tomar forma mi pronta desaparición de sus mapas.
Vivo en constante cambio, en un movimiento imperceptible, hoy me conoces...mañana, quizás, ya no.
Danzo en una macabra obra realista entre la materia y lo etéreo.


sábado, 19 de marzo de 2016

Autoinmune.

Eres.
Eras.
Eres.
Eras.
Eres.
Eras.
Eres.
Eras.
Eres.
Eras.
Arráncalo, destrúyelo mas no lo dejes moribundo.