viernes, 10 de junio de 2016

Rodando escalones abajo.

Si aquí me encuentras es porque la derrota se ha abierto paso junto a la aurora.
De nuevo, he fracasado como combatiente de una cruda batalla en la que me llevan los demonios cada día.
Nunca nadie llegará a comprender el caos, el universo que se halla tras el abismo, nunca nadie se acercará lo suficiente para sentir llamas en su piel así como sus oídos jamás llegarán a escuchar la nitidez de los bramidos que promulga el silencio.
Nunca nadie se adentrará en el epicentro de una mirada ni vislumbrará los colores claroscuros de un iris sumergido en la tempestad.
Mera espectadora de una realidad que no me pertenece, observo rostros, leo gestos, capto palabras, formas y sonrisas ajenas a mí, conocidos que se volvieron extraños, desconocidos conocidos que nunca sonreirán de vuelta.
En segundo plano, percibo todo lo demás: sus risas, conversaciones, humor, energía e incluso pequeños retales de sus historias.
Ellos no advierten mi presencia, tan sólo soy una más que cruzó de forma temporal y fugaz por sus vidas, un espectro que ni su huella alcanzó a plasmar.
Una diminuta semilla a merced de las corrientes sin lugar donde poder evolucionar, sin hogar donde respire paz. Errante, nómada, vagando de un lado a otro sin saber dónde está su pedacito mientras, desesperanzada e impotente contempla el tiempo apresurarse hacia ella obstinado, imperturbable y con una certeza a sus espaldas que no desea recoger.
Ella no es ni la sombra de todo cuanto debería haber sido, no deber sino querer, anhelar ser alguien que ahora mismo ni su reflejo es capaz de dilucidad qué diantres es.
Muchos, la gran mayoría sólo ven de puerta para fuera y mostrándose conformes con ello se dedican a juzgar, sacando conclusiones erróneas e hirientes. Es realmente sencillo opinar desde la ignorancia, creer que uno sabe cuando no, cuando lo que le ocurrió a Fulanito no es lo que te ocurre a ti aunque sea el mismo padecimiento.
Sobre todo cuando subestiman, infravaloran, estigmatizan y desestiman desde círculos cercanos. Ahí es cuando levanto colosales murallas, ahí es cuando comienza a cobrar sentido la distancia y tomar forma mi pronta desaparición de sus mapas.
Vivo en constante cambio, en un movimiento imperceptible, hoy me conoces...mañana, quizás, ya no.
Danzo en una macabra obra realista entre la materia y lo etéreo.


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