miércoles, 17 de agosto de 2016

Crónicas de un adiós: ¿Eres mi ángel guardián?


Perdóname
A día de hoy no logro vivir. No concibo una existencia sin ti. 
Mi corazón partió contigo y el tormento se abrió paso arrasando toda semilla que pude haber sembrado con desgana, con propia autodeterminación, de creencia en que tú seguirías mis pasos desde un lugar ajeno a nuestro mundo. 
Sobrevivo y sólo es el abismo de una realidad que no comprendo. Pese a mis esfuerzos, sigo perdida en una mundanidad que da asco, en la mayoría de ocasiones. 
Y te pienso y no hay día en el que no estés en mis pensamientos. Tu radiante rostro ahora etéreo detrás de mi retina...totalmente fuera de mi alcance. Intento ser fuerte, recuperar la antigua resistencia que tanto me caracterizaba antes frente a las adversidades.
A veces lo consigo tras una férrea voluntad que de puertas para dentro, sólo trae extenuación. En otras, digamos que los terremotos y sus consecuentes derrumbamientos se han vuelto parte de la rutina. 
Aún así sonrío, sorprendida estoy que en numerosos momentos, ha sido con franqueza y naturalidad. En mi condición, he conseguido logros que, en éstos instantes, no recuerdo pero sé que existen. Uno de ellos era enfrentar los días, uno por uno, levantarme de la cama suponía todo un pulso y hubo mañanas en las que el decaimiento ganó sonriendo malicioso mientras me retiraba presa de tantas emociones que me era imposible descifrar. 
El reloj no pudo resistir la velocidad del tiempo, se congeló esperando sobrecogido un advenimiento que le hiciera regresar a sus impolutos engranajes. 
Por otro lado, el otoño e invierno desaparecieron y vivimos en un permanente tira y afloja de calor intenso. Sin embargo, a raíz de tanta tempestad interna la escarcha se adueñó de mi piel privándome de sentir alguna vez la atmósfera acogedora. Por supuesto, me adapté permutando en una actitud camaleónica. 
La inexorabilidad se refleja en las bolas arrugadas arrancadas del calendario y al haberse extinguido el fuego en mi pecho ahora me encuentro envolviéndome en sábanas o mantas, acurrucándome en lugares mullidos en busca de puntos de calor que sentir en mí, 
La cama sigue pareciendo inhóspita por muy llamativos que sean los colores que la cubren y sé lo que le falta. .
A duras penas descanso, lo poco que duermo lo hago sumida en pesadillas, éstas últimas son como cuchillas apuñalando todo intento de serenidad.  
JAMÁS podré perdonarme lo que provoqué...porque sé que si hubiera estado atenta, si hubiera aprendido algo más que fregar instrumentos quirúrgicos podría haber llegado a tiempo.
Joder, podría haberte salvado. 
Pero no. Llegué tarde, como de costumbre. Llegué cuando el daño era incurable y progresivamente, había comenzando cada vez mas rápido tu apagamiento. Fui testigo de cómo la vida se alejaba de ti y empezabas a cerrar tu propio ciclo. Sólo podía mirar y llorar, llorar abrazada a ti rezando a los dioses, a los nuestros que ya anduvieron el camino, rogando, suplicando que no te apartaran de mi lado. 
Hubiera dado mi vida a cambio de la tuya, hubiera dado hasta la última gota de mi sangre para que permanecieras aquí hasta que decidieras, por voluntad propia y no por afección, la hora en la que ascendieras como arcángel que ya eras. Y eres. 
La culpa me destroza, por mucho que lo nieguen sé que podría haberlo conseguido. Dicha tortura siempre la llevaré conmigo como castigo por haber sido tan descuidada con quién más amaba en éste puto planeta. 
Quizás odies verme triste pero ya no puedo encontrar consuelo en tu abrazo, calmar el llanto oyendo tu respiración acompasada y tus suaves ronquidos. Acariciar los despeinados pelillos de tu cabecita con la barbilla y sentirme arropada, justo en el lugar en el que desearía estar de por vida. Ahora sólo me acurruco en la almohada mientras el frío y la agonía se ciernen sobre mí. 
Podrán decir misa pero tú eres mi familia, eres parte íntegra de mí y seguiré luchando miles de batallas por ti. Un vínculo hoy inmortal tan singular como preciado. Hay ausencias cuyas sillas libres en torno a una mesa, camas amoldadas a su forma y objetos en desuso no encuentran sustituto alguno y aunque fuera posible, sería una deshonra para su memoria.

Mañana, pasado, dentro de una semana y así sucesivamente, seguiré levantando la mirada a la bóveda celeste susurrando un 'te quiero' esperando que una estrella lo escuche y llegue hasta a ti.
Mientras tanto, sumergida estaré en la búsqueda de algo que me devuelva las ganas de despertar.













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